Hoy traemos al blog un interesante artículo bajo el título CUÍDATE CON CIENCIA, COME BIEN, de la web de la Fundación Eduardo Punset. Aquí ya hemos hablado de las bondades de la dieta saludable, y que la nuestra, la mediterranea, para la que nuestro cuerpo ha sido programado, es perfecta para cuidar nuestra salud. Por esta razón se desaconseja el consumo de ciertos alimentos nada saludables, procedentes de otras dietas internacionales, que están siendo protagonistas en las enfermedades más actuales, como la obesidad, diabetes hipertensión, y otras. Finalmente, y como siempre recomendados aquí, el artículo señala la importancia de acompañar la dieta con el resto de hábitos saludables, como descansar bien, hacer ejercicio físico o evitar el stress en la medida de lo posible.
A continuación reproducimos el artículo completo, por su interés:
“Que la obesidad es una enfermedad propia de sociedades desarrolladas como la nuestra no es una novedad. Lo que quizá no tengamos tan claro es que no nos mantenemos al margen de esta tendencia. España, país cuya alimentación arquetípica sigue las pautas de la dieta mediterránea, sufre cada vez mayores niveles de obesidad entre su población. En este sentido, no estamos tan lejos de Estados Unidos en cuanto a cultura alimentaria. La globalización de los mercados y nuestro ritmo de vida acomodado son pasto de las denominadas enfermedades de la opulencia, relacionadas con la obesidad: diabetes, hipertensión, ateroesclerosis…
Hoy tenemos a nuestro abasto alimentos procedentes de todo el mundo, pero seguimos encorsetados en un cuerpo que ha evolucionado para procesar lo que nos ofrece nuestro entorno próximo. La cada vez más olvidada dieta mediterránea es lo que mejor sienta a los humanos que habitan alrededor de este mar. Los habitantes de esta zona han evolucionado para digerir mejor los productos propios de la región mediterránea, del mismo modo que en extremo oriente, los habitantes se han adaptado al alimento que se puede encontrar en su geografía. Así, nuestras preferencias alimentarias están escritas en nuestros genes.
Esto es algo en lo que insiste José María Ordovás, experto en nutrición y genética de la Tufts University, en Boston (Estados Unidos). Según este investigador, estamos en plena explosión de la obesidad causada por los cambios sociales y comerciales que estamos viviendo y las dificultades de nuestros cuerpos a adaptarse a estas novedades alimentarias.
Comer bien implica seguir una dieta equilibrada en la que predominen los carbohidratos, las frutas y las verduras, el consumo de grasas sea moderado y el de las proteínas casi testimonial. Pero comer bien también pasa por comer menos. Sin duda el aumento generalizado de la obesidad también responde a un aumento calórico de nuestras dietas. La ciencia ha demostrado ahora que comer en exceso, más de lo que es necesario, aumenta el estrés oxidativo del organismo y esto afecta el metabolismo de las proteínas, de los lípidos y afecta incluso a nuestro cerebro.
Tal y como sugieren los trabajos de Fernando Gómez-Pinilla, neurocientífico de la Universidad de California en Los Ángeles, el ejercicio favorece la producción de nuevas neuronas en el hipocampo, la región encargada del aprendizaje y la memoria, aumenta las sinapsis y favorece los mecanismos de reparación neuronal.
De todos modos, la dieta no funciona por libre. Para que lo que comamos nos siente bien y nuestro cuerpo lo procese de modo adecuado, también debemos contemplar que el resto de nuestros hábitos de vida sean beneficiosos: dormir lo suficiente, practicar deporte, procurar no padecer estrés… Cuidar nuestra salud pasa por cumplir las necesidades con las que venimos programados. Hay que tenerlo en cuenta, ya que el ritmo de vida actual nos encarrila a apartarnos de estos hábitos innatos.”
Leer el artículo en la web de la Fundación Eduardo Punset