Activemos la pedagogía deportiva

solounollega

Nos ha encantado esta esclarecedora infografía de futbolformacion.com sobre la priorización de objetivos en el fútbol de formación, que lógicamente, puede extrapolarse, sino cuantitativa sí cualitativamente, a todo el deporte de base. Son muchos los que se inician pero muy pocos los que llegan al éxito en el deporte profesional. El resto, muchísmos más,  en algunos casos terminan frustrados por no haberlo logrado, otros con repeditas lesiones deportivas, o simplemente aburridos o desencantados, y sin una adecuada educación deportiva en hábitos, habilidades y valores, de las que los responsable de las organizaciones en las que lo han realizado, en una gran mayoría, ni se han preocupado o simplemente las desconocían.

Aún asumiendo el gravísimo error de que el deporte de formación tiene como principal, cuando no único, objetivo, la detección de talentos y su dirección hacia el alto rendimiento, los datos estadísticos muestran apabullantemente la sangría de ilusionados deportistas de base que se quedan en el camino para que uno sólo llegue al deporte profesional, aumentada a las primeras ligas internacionales, y multiplicada espectacularmente cuando se trata de los cincuenta grandes clubes (empresas) del mundo. Uno de cada mil en el primer caso, de cada diez mil en el segundo, y de cada cien mil en el tercero.

El deporte por el simple hecho de practicarlo no produce obligatoriamente los beneficios personales y sociales que muchas veces se le otorgan a la ligera. El deporte de formación, bien realizado, es una extraordinaria herramienta para la educación. Es necesario aplicar la pedagogía deportiva, la ciencia de la educación deportiva que se refiere a la adquisición de habilidades y recursos propios del ámbito deportivo. De cada mil, diez mil o cien mil niños que participan, el 100% deberían beneficiarse de esa educación, en hábitos saludables para toda su vida, en habilidades sociales, como el compañerismo, la solidaridad, autoestima, liderazgo, y por supuesto en valores personales, como el espíritu de superación, el esfuerzo para lograr nuestras metas, la superación de los fracasos, o la asimilación correcta del éxito.

De estos hábitos, habilidades y valores, se beneficia toda la sociedad, por lo que cualquier proyecto de deporte formación debería perseguir estos objetivos como prioritarios, sin excluir a objetivos de progresión deportiva y, en los casos más relevantes, el alto rendimiento, y éxito profesional. Por lo tanto, la sociedad y las instituciones deportivas deben impedir que bajo la única o muy preferente consigna del éxito a toda costa, se caiga en todos los defectos que pueden afectar al deporte de formación, y que ya en su día recogimos en nuestra entrada titulada “El deporte puede educar, salvando los malos hábitos”.

Es el caso del mimetismo con el deporte profesional, en el que supuestos formadores en los clubes deportivos, ausentes de formación pedagógica, y desde la presunción de que para ser como los mejores hay que imitarlos a toda costa, desarrollan su labor con modos y parámetros meramente competitivos, repitiendo entrenamientos de adultos, e incluso de profesionales, contraindicados muchos de ellos para la correcta progresión deportiva y personal de niños o adolescentes.

Otro gran defecto es la orientación excesiva a la competición, que se considera erróneamente un objetivo, a causa del curriculum del propio técnico o de los intereses desconocimiento o mero entretenimiento de la directiva de esos clubes. En realidad la competición es una sub-herramienta que el deporte incorpora, y que bien orientada y gestionada, debe hacer crecer colectiva, pero sobretodo individualmente, a todos y cada uno de los alumnos de las escuelas deportivas.

Cabria también mencionar la tendencia a la selección, ante el desconocimiento de los responsables de los clubes y escuelas deportivas de que los niños sufren un desarrollo ordenado, pero individual, y la adquisición de habilidades, su crecimiento, tiene que respetado y no utilizado para objetivos a corto plazo, mediante la realización de las funciones más interesantes para que en cada momento gane el equipo, en detrimento de sus posibilidades de desarrollo deportivo y personal del futuro. Sí el deporte es bueno, lo es para todos, resulta muy triste convertir a un niño benjamín o alevín en espectador.

Y por último todos aquellos abusos de la especialización, pues precisamente lo que menos requiere el niño es esta especialización, ya que en esa etapa de su vida es un ser en crecimiento ávido de aprendizajes, y es la formación general y multilateral lo que precisa. El limitar su hacer a los fundamentos y formas de una única práctica deportiva, significa limitar su desarrollo.

Por todo lo anterior y para finalizar, habida cuenta de las apabullantes cifras de la imagen infográfica, hagámosle también caso en cuanto a sus conclusiones: más importante que lograr pocos deportistas de alto nivel, es ayudar a todos a llegar a ser buenas personas, por lo que primero debemos formar niños (todos los que están a nuestro cargo) y después entrenar equipos;  más deberían los padres velar por la cierta y necesaria educación que sus hijos reciban, que por su incierto futuro en el deporte profesional.

Activamos pues la pedagogía deportiva en nuestros clubes y escuelas deportivas.

Fuente: futbolformacion.com

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