Un inolvidable ejemplo de deportividad: Rafa y Roger

Cuando dos personas desarrollan una cierta amistad, empiezan a llamarse por sus nombres de pila. Nadal y Federer hace tiempo que se conocen como Rafa y Roger. No debería extrañarnos la amistad ante dos de los deportistas más grandes de la historia, pero el espectáculo deportivo, super profesionalizado, mercantilizado y amplificado hasta límites insospechados por los medios de comunicación, pierde frecuentemente los auténticos valores que el Deporte con mayúsculas aporta a la sociedad. Los intereses económicos, mediáticos, y una rivalidad mal asumida, especialmente en algunas modalidades deportivas, distorsionan lo que el deporte en realidad persigue.

El domingo asistimos a un acontecimiento deportivo único, histórico e inolvidable. Dos grandísimos campeones del tenis, probablemente los dos más grandes de la historia, volvían a lo más alto, próximos ya, se supone, al ocaso de sus carreras deportivas, tras recuperarse de sendas lesiones que llevaron a muchos a pensar que ya nunca regresarían.

Pero ése tal vez sea el rasgo más característico de los grandes deportistas, su capacidad de superar las dificultades, derivada de su determinación en lograr sus objetivos. Capacidad de superar importantes lesiones y el período de recuperación posterior, no sólo físico, sino también deportivo, con frecuentes derrotas ante rivales en teoría de menor nivel y con las consiguientes críticas de muchos medios de comunicación, analistas y aficionados.

Pero no por ello abandonaron, persistieron en lograr su sueño. La resiliencia, una de las palabras de moda en el reciente 2016, la capacidad de sobreponerse a los reveses que la carrera deportiva o la vida nos tiene reservados, es muy fuerte en campeones como Nadal o Federer. De hecho, muchos otros medios de comunicación, analistas o aficionados, los que demostraron estar más acertados, o simplemente tenían más fe en sus ídolos, siguieron confiando en que algún día volverían a lo más alto. El domingo esos pronósitcos y esa fe tuvieron premio doble: disfrutar de los dos, en toda una final del grand slam, y como no podía ser de otra forma, ofreciendo un partido inolvidable, pleno de grandes jugadas, alternativas en el marcador, y un emocionante final en el último y definitivo set, en el que pudo ganar cualquiera.

Por si fuera poco, el grandísimo evento no terminó ahí. La ceremonia de entrega de premios fue el épico remate a un encuentro que ya se encuentra en uno de los lugares más destacados de la historia del deporte mundial. Ya lo estaba la final de Wimbledon 2008 entre estos mismos protagonistas, la que para muchos es el mejor partido de tenis de la historia, pero ahora ésta final del Australian Open 2017 estará a la misma altura, tanto por el partido en sí, como por los antecedentes y el broche final que ambas leyendas pusieron en sus declaraciones al serles entregados sus respectivos trofeos.

Escuchar a Rafa Nadal decir que Roger Federer era el justo campeón porque lo había merecido más que él, tal vez no sea tanta novedad, sobre todo para los que lo hemos seguido siempre. Escucharle que se encontraba muy feliz porque Roger Federer y todo su equipo hubiesen visto reconpensado su gran trabajo, significa sin duda un gran respeto y admiración por un rival y su equipo con el que ha competido en muchísimas ocasiones, grandes batallas, en que siempre había un vencedor y un vencido.

Quizá lo que más nos haya sorprendido es escuchar a Roger Federer, al tenista con más títulos de grand slam acumulados, dieciocho con el del domingo sin duda el más deseado tras una sequía desde el verano de 2012, decir que si hubiese empate en el tenis, así debería de haber acabado la final, con dos vencedores. O más inaudito, escuchar a Roger decir que era tanta la satisfacción por llegar a esta final junto a Rafa Nadal, que hubiese estado igual de feliz si hubiese ganado Rafa.

Es realmente impactante esta declaración, con el gran esfuerzo que supone haberse recuperado y volver a una gran final. Y aún más si recordamos las grandes frustraciones, algunas hasta llegar a llorar, que Roger sufrió ante las remontadas épicas que Rafa le propinó en diversas ocasiones. Sin Nadal enfrente, Federar tal vez no tendría 18, si no 25 o más grand slam, quién sabe. Adversarios enconados, grandes amigos. Ambos han ofrecido espectáculos deportivos épicos, que han engrandecido el tenis, y con estas declaraciones además han dado una lección impagable, han demostrado que el Deporte es mucho más que esa competitividad mal entendida, o la violencia de los energúmenos que se llaman aficionados, el dopaje de los egoistas que sólo piensan en ganar, las apuestas ilegales de los que quieren aprovecharse de él, y todas esas lacras que lo amenazan en la actualidad.

El Deporte bien entendido es una escuela vital, aquí lo hemos dicho innumerables veces. Nos da maravillosas herramientas para superarnos a lo largo de nuestra vida, creando hábitos nobles y saludables para siempre. El deporte es un homenaje al esfuerzo y los sueños de los deportistas, y también es una fraternidad universal entre todos los verdaderos “sportsman“. Aquellos deportistas amantes de lo que hacen, amateurs en el sentido estricto de la palabra francesa, por encima de que se dediquen profesionalmente o no al deporte; que compiten respetando al rival, aprendiendo de ellos, creando una sincera amistad, e incluso, como ocurre entre estas dos leyendas, admirándose mutuamente.

Gracias Rafa y Roger por enseñarnos el verdadero significado del Deporte en un domingo para la historia.

Imagen de cabecera: Federer y Nadal durante la final del Australian Open 2017. Clive Brunskill/Getty Images.

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