Tags

Artículos relacionados

Compartir

“El arte debe ayudar a ver la realidad con otros ojos”

Nacido en Madrid en 1993, Pablo Allepuz, estudiante de cuarto curso de Historia de Arte en la Universidad de Córdoba, es comisario de la exposición Memorias Particulares, en la que se presenta la obra del artista Gil Gijón. Actualmente, posee una beca de Introducción a la Investigación del CSIC en el Instituto de Historia (IH-CCHS), mediante la cual se está especializando en arte contemporáneo. En concreto, realiza un proyecto sobre el arte contemporáneo español, con especial énfasis en la relación entre el arte (visual) y la literatura, bajo la responsabilidad de D. Miguel Cabañas Bravo. Coincidiendo con la exposición Memorias Particulares en las Galerías del Cardenal Salazar, ‘Gestionario’ entrevista a Pablo Allepuz, comisario de la muestra, que podrá ser visitada hasta el 16 de enero de 2015.

Haciendo alusión al título de la exposición, Memorias particulares, ¿qué particularidad alberga la muestra?

En el título pretendía recoger una doble particularidad: primero la particularidad de que son las memorias particulares de Gil y de su familia; y, por otra parte, son particulares porque están conformadas por partículas (partículas de polvo y de pelusa). Son las dos vertientes de la particularidad. Luego, por sí misma, la exposición es bastante sui géneris, digámoslo así: yo no he visto ninguna exposición en la que se trabajase con polvo. También el montaje, respecto a otras exposiciones, ha cambiado: hemos tenido en la galería últimamente unas exposiciones muy distintas: la de José María Báez con una instalación absolutamente novedosa, tuvimos la de Scarpia el año pasado y esta, en principio, vendría a volver a la calma, a una exposición normal, con cuadros en la pared, pero también se ha innovado en la forma de exponerla: con el ritmo, alternando en alturas y los cuadros dispuestos con una perspectiva al centro y también con los cuadros transparentes.

¿Qué puede encontrar el público en esta exposición?

He intentado en el montaje, en la concepción de la exposición, dar varios niveles de lectura, como siempre intentamos hacer con un proyecto de estas características. En primer lugar, el espectador que no tenga un gran bagaje histórico-artístico o que no le interesa o no tenga tiempo, puede sencillamente pasear por las galerías y contemplar los retratos. Yo creo que la simple contemplación de estos retratos va  a ser bastante sugerente porque el hecho de trabajar con polvo da unas cualidades plásticas muy sorprendentes que no se han visto en otros materiales. Pero el hecho de que reproduzca una fotografía casi  de forma idéntica va a despertar en él una evocación no de la memoria particular de Gil, sino de las propias memorias suyas, porque Gil no trabaja exclusivamente sobre la memoria de su familia: él trabaja, por ejemplo, sobre su abuelo, pero es que su abuelo Gil leyendo el periódico remite a todos y cada unos de nuestros abuelos. El abuelo leyendo el periódico no es algo exclusivo de la familia de Gil, es algo que está en todas las familias. Éste es un primer nivel de lectura de la exposición. Luego, hay un segundo nivel de lectura, el que yo planteo en catálogo, en el que se profundiza, se explica y, el que quiera, puede contemplar en qué momento o en qué línea de la historia del arte se integra y, a quien le interese la historia del arte puede ampliar la información. Luego, entre estos dos polos, entre un visitante más o menos desinteresado o poco familiarizado y un visitante especialista o que busque más información, hay un nivel intermedio que se da con la hoja de sala, donde se habla de la organización de la exposición, de qué podemos encontrar y, al mismo tiempo nos remite tanto al catálogo como a otros textos, de manera que cada uno pueda adaptar la visita a sus intereses, a su tiempo o inquietudes. En este sentido, es una exposición muy accesible y bastante variada.

¿Cuál es el rasgo que mejor caracteriza la creación artística de Gil Gijón?

Reseñaría su sensibilidad, su gran sensibilidad, no sólo por el tema, sino también a la hora de trabajar: se ve en los retratos, hay una idea muy potente, como en general en todo el arte conceptual, pero el autor no se queda ahí, el autor trabaja también con una gran minuciosidad. Hay mucho trabajo en cada uno de los retratos que muchas veces no lo vemos en lo conceptual; muchas veces lo conceptual es una buena idea y una elaboración que no importa, se queda más en el proceso de la idea. Aquí hay ideas, pero también hay elaboración y, en esa elaboración, también se ve la sensibilidad del autor. Se ve que disfruta con el proceso.

¿Qué reflexión realiza acerca del proceso creativo de Gil Gijón?

Gil Gijón ha definido un ritual creativo muy especial, que involucra a los familiares retratados desde el primer momento, condicionando incluso la elección de una u otra fotografía, de manera que elimina cualquier artificialidad en la recuperación de la memoria para incorporar, en su lugar, un claro componente emocional que sin duda se traduce en los resultados. Lo considero de suma importancia para comprender la exposición en toda su dimensión y en general el trabajo de Gil, por eso le dedico un pasillo completo de las Galerías y varios párrafos explicativos en el catálogo. Los valores plásticos (composición, color, volumen…) son evidentes y permiten, por sí mismos, disfrutar de las piezas y comenzar a preguntarse por las implicaciones que el uso del polvo puede conllevar; pero detrás de esa parte “estética” de la exposición hay otra difícil de rescatar con la simple contemplación, una parte que podríamos calificar como “ética” en contraposición a la primera, que fundamenta todo lo demás y que si no fuera por el material de apoyo (hojas de sala, catálogo, entrevistas) pasaría desapercibida.

¿Cómo definiría el discurso que construye Memorias Particulares?

Es un discurso nuevo, ante todo un discurso nuevo y, sobre todo, muy prometedor: no tenemos que olvidar que este artista ha terminado su máster hace un año y es un autor extremadamente joven (le han dicho en alguna ocasión: “insultantemente joven”). Ante todo es una muestra que no debería quedar en esto, que esto no es el punto y final, sino que, muy al contrario, es el punto de partida para una línea de reflexión a la que le queda todavía mucho, mucho que decir. Y sobre todo, en la última parte, éste es el primer retrato grande que hace, pero sin duda no será el último porque los resultados son magníficos; también los transparentes son los primeros que hace. Él lleva trabajando el polvo dos o tres años, está en sus inicios, ya controla la técnica y sabe cómo hacer los retratos (para que el aglutinante y el polvo se mantengan en el tiempo, la idea está muy bien trabada ya). Entonces, lo que queda a partir de ahora, digamos, es lo más sencillo, es la producción, porque todo lo demás ya está hecho. Yo creo que, a partir de aquí, el autor va a mantener una línea de producción y exposiciones en la que nos va a seguir sorprendiendo tanto con las ideas como con los resultados plásticos o visuales.

Las Galerías del Cardenal Salazar se conciben como un espacio que contribuye a la vida cultura dando a conocer el arte contemporáneo ¿Cómo ha repercutido este hecho en su formación?

Es todo un privilegio tener en la facultad una galería o centro de arte. Lo cierto es que se integra o se inserta de forma totalmente complementaria; incluso yo diría que, más que complementaria es casi una obligación moral para los alumnos aprovechar esto. Muy pocas facultades tienen esto y los alumnos tenemos que aprovecharlo. Realmente, las muestras que aquí se han exhibido en los últimos dos o tres años, han servido tanto para explicar contenidos de asignaturas como ‘Arte Contemporáneo siglo XIX y XX’; en museología para ver cómo se debe construir un espacio; y en museografía, cómo se debe adecuar ese espacio al discurso, cómo se construyen los discursos, cómo se montan las obras o cuál es el proceso. Entonces, para los alumnos de Historia del Arte es una herramienta imprescindible, ya se ha convertido en imprescindible: antes no la teníamos y no lo sabíamos, pero ahora que la tenemos, podemos decir que es absolutamente imprescindible. Y, en este último año, se ha potenciado muchísimo la colaboración de los alumnos: en los últimos años, los alumnos colaboraban, ayudaban al montaje, pero en este último año, los alumnos son, realmente, los protagonistas. José Álvarez nos permite trabajar directamente con los artistas, maquetamos y diseñamos el catálogo nosotros, hacemos la hoja de sala y, por primera vez, en esta exposición Memorias Particulares es un alumno el que comisaría la muestra. Esto a mí personalmente como comisario me parece un gran paso adelante, puesto que invita a otros alumnos a presentar proyectos a no mirar la galería de forma pasiva, sino a tomar parte activa: bien sea colaborando o incluso pensando cuál podría ser su muestra. Entonces, estoy muy agradecido al director de la galería, José Álvarez, por permitir esta propuesta.

¿Cómo valora su labor como comisario de la exposición Memorias Particulares?

Hay que experimentarlo para saberlo realmente. Cuando empecé a concebir la exposición, era un mundo, y cuando realmente se comienza a materializar se convierte en otra cosa completamente distinta. Y creo que eso es lo más excitante o llamativo de la labor del comisariado: cómo se tiene que adaptar una idea, que en principio es perfecta (cuadra perfectamente en el espacio y todo sale perfecto) con la realidad, la realidad del espacio. Uno intenta siempre prever cuáles van a ser los problemas, pero hasta que no están aquí las piezas, hasta que no se empieza a materializar, hasta que no se dan fechas, uno no se da cuenta realmente de los problemas que surgen. Y es en este momento, cuando surgen los problemas, y el tiempo apremia, cuando la colaboración entre los alumnos, director y el artista, obliga a que, por fuerza, tenga uno que ser más creativo. En la labor del comisariado esto es lo que más me ha gustado: la necesidad de ser creativo y decir cómo podemos hacer esto con lo que tenemos, cómo podemos solventar el problema.

¿Le gustaría compaginar en un futuro la investigación en Historia del Arte con el comisariado de exposiciones?

No se deberían nunca separar estas dos labores del historiador del arte, porque hacer una exposición sin investigar es poco menos que decorar. Siempre es necesario tener detrás un discurso, hay que intentar fundamentar bien siempre el discurso que se construye. Y, también, investigar solamente, sin luego exponer esos resultados (también depende del tema) es necesario que se vayan confrontando los resultados de la investigación con la crítica, digamos el público, porque ese choque con la realidad, le da pistas, tanto al artista como al comisario eventual de la muestra, para avanzar en la investigación. Yo creo que es necesario compaginar ambas cuestiones; y a mí me gustaría compaginarlas en el futuro.

¿Cuál es el papel del arte contemporáneo en la sociedad actual?

Como decía un amigo italiano, el arte abre la mente, porque, sobre todo desde las vanguardias, el arte siempre ha intentado transgredir los límites fijados en un sitio y el arte intentaba cuestionarlos e ir más allá. Entonces, el arte siempre debe ayudarnos a ver la realidad con otros ojos. Si el arte es sólo reflexión sobre algunas cuestiones pero luego no se inserta en la vida pierde parte de su potencial. Si uno viene a esta exposición, contempla un retrato de polvo y luego ve un álbum de fotos y lo ve de la misma manera, quizá no haya funcionado la exposición tan bien como debería. Hay que propiciar una mirada distinta hacia las cosas, no es ni mejor ni peor, simplemente es, digamos, encender la creatividad y aplicarla a otros ámbitos.

¿Qué función desempeña el arte en el espectador que lo contempla?

El día de la inauguración de la exposición, hablaba con el artista sobre el papel del público. Gil incide mucho en que no quiere un arte elitista que sólo comprendan unas pocas personas, quiere llegar a todo tipo de públicos, eso no quiere decir rebajar el nivel del discurso en ningún sentido, sino hacerlo accesible al mayor número de público posible porque si no, no tendría sentido esa labor creativa. En este sentido, la muestra es muy sugerente para el espectador, porque álbumes de fotos familiares tenemos todos y la exposición trata sobre la memoria, que es algo común, no por ser los retratos de su familia son exclusivos de él, sino que nos ayudan a todos a aplicarlos a nuestro propio caso y a sacar, espero, algún tipo de moraleja o aprendizaje.