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“La creación cultural, salvo aquélla que se hace en grupo, forma parte de la casi intimidad personal”.

Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell (Madrid 1947) es Doctor en Derecho y Licenciado en Ciencias Económicas. Fue abogado laboralista en Madrid desde 1974 hasta 1979, desarrollando su labor en el despacho de la calle Atocha, donde sobrevivió a la matanza allí ocurrida en 1977. Desde 1994 y hasta 2007 ejerció de profesor de Derecho Constitucional en esta universidad. Actualmente es profesor Titular de Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba, habiendo impartido clases de Teoría del Estado, Sociología Política, Derecho Electoral, Autonómico y constitucional en varias universidades españolas.

Ha escrito varios libros de poesía así como diversos textos poéticos en diferentes revistas literarias en Madrid, Ávila y Burgos. Entre 1998 y 2006 trabajó en el Grupo de Teatro de la Universidad de Burgos, poniendo en escena distintas obras de teatro clásico y contemporáneo.

Ha publicado diversas obras de su especialidad, sobre Derecho Autonómico y Parlamentario, así como distintos artículos de Derecho Constitucional, sobre temas jurídicos y políticos “Constitución y ley autonómica” y “La iniciativa legislativa no gubernamental en España.1977 -1996″.

También ha editado un libro de memoria personal “La memoria incómoda. Los abogados de Atocha 1977-2002″ (Editorial Dossoles, Burgos 2002), así como otro sobre “El voto comunista en Córdoba”. En junio de 2009 el Ateneo de Córdoba le premió con la Fiambrera de Plata por su enorme y destacada labor profesional en el mundo del Derecho.

Viniendo de una ciudad como Madrid, ¿cómo ves el desarrollo de la cultura en Córdoba?
Llevo solo 10 años en Córdoba. Cuando llegué había una enorme movilidad cultural. Un afán colectivo claro ante la posibilidad de ser capitalidad cultural en 2016. Cuando eso se detuvo se notó la diferencia. A pesar de eso creo que hay un buen caldo de cultivo cultural extendido en los diferentes ámbitos de cine, teatro, literatura, poesía, exposiciones, conciertos, aunque creo que a veces falla la comunicación cultural.

Tras años en nuestra ciudad, ¿crees que la cultura de calidad ha recibido y recibe en la actualidad el apoyo suficiente de las instituciones?
No tengo suficiente información al respecto. Trabajo autónomamente en ámbitos culturales y mantengo relaciones con pocas entidades. Mi dedicación a diferentes ámbitos en Madrid, de donde provengo me quitan mucho tiempo para conocer la realidad cultural. Aunque en las relaciones que he podido mantener en ámbitos musicales o de integración ciudadana -como la Plataforma por la Mezquita- creo que la autonomía económica ha funcionado bastante bien.

¿Cómo valoras el papel que juega la Universidad en la vida cultural de la ciudad?
A medida que lo conozco creo que es cada vez más grande. Desde las opciones de solidaridad con los países de Latinoamérica; las intervenciones en videoconferencia, en general cada vez se amplían los ámbitos culturales en los que la Universidad está presente. A pesar, siempre se ha dicho en los últimos años, de que la Universidad haya perdido -y va camino de perder aun más- mucho de ser la institución capital y eje de la cultura en nuestro país. Hoy la Universidad se va trasformando en una academia aunque me parece fundamental y os felicito por ello que siga funcionando UCO Cultura como un foco de atracción cultural permanente, en el que estoy dispuesto a colaborar. A medida que se acerca mi jubilación, para la que me falta un año, esa disposición será mayor.

Además de abogado y profesor eres también escritor de ensayo y poesía. Has escrito varios libros sobre política y derecho, ¿tu relación con la poesía está también influida por esto?
Yo creo que es al revés. Mi actividad literaria y poética es nuclear y afecta a mis publicaciones de investigación jurídica o política. A ello contribuyó, sin duda, mi sobrevivencia en la llamada “matanza de Atocha” que determina una manera de estar en el mundo; también la influencia en mi vida de la naturaleza. Hacen que mi trabajo intelectual venga del corazón, más que de la cabeza y se llena de sentimiento lírico ese trabajo.

Hace poco has formado parte del jurado de la última edición de UCOPoética, ¿Consideras que la poesía es un buen atrayente para las nuevas generaciones?
Claro que si. Yo creo que para todo el mundo; al menos el que puede estar cerca de los que cada año desde hace 40 son mis alumnos, todos digo, escriben de una manera o de otra el papel de su corazón en el mundo. No solo atrae sino que muchas veces es una necesidad vital.

¿Qué opinión te merece la poca implicación política y vital que últimamente demuestra la juventud de nuestro país?
Es consecuencia de la misma evolución política. Nosotros tuvimos que luchar para conseguir cosas. Hoy las generaciones jóvenes lo tienen todo o casi a su disposición y eso les resta coraje e iniciativa para buscarse la vida, salvo excepciones.

Tu fuiste uno de los supervivientes de la matanza del bufete de abogados laboralistas de Atocha, ¿cómo influyó este atentado en tu actitud política ante la vida?
Afectó de lleno en mi vida. Creo que mi vida hubiera sido otra estos últimos 40 años sin Atocha. Pero políticamente influyó poco. Antes de Atocha era militante del PCE y eso no cambió. Posteriormente me alejé del Partido pero he mantenido un compromiso con la izquierda a nivel político y más allá.

La cultura ha sido tratada de forma muy marginal en los debates electorales de las pasadas elecciones, ¿por qué crees que sigue dándose esta visión desde la clase política?
Estamos ante una vida política mediática; de los medios de comunicación. La creación cultural, salvo aquélla que se hace en grupo, forma parte de la casi intimidad personal. Eso nos hace parecer que la cultura no está. Creo que ha sido un componente básico de nuestro rechazo al Gobierno del PP, su desconsideración, su ataque a la cultura con la famosa subida del 21% de IVA. Es verdad que eso no es todo, porque creo que un gobierno que se precie, y más si es de izquierdas, debe hacer un enorme esfuerzo por la cultura y, sobre todo, por la cultura democrática que llega a tocar también la educación. La necesidad del trabajo en equipo es fundamental en todo eso.

Tu última investigación ha versado sobre el voto comunista en la ciudad de Córdoba, ¿A qué conclusiones has llegado?
Hay respuestas muy claras. Primera, que la enorme importancia de ese voto en Córdoba, precisamente en el tiempo en que yo lo estudie, entre 1977 y 2012, tiene una referencia muy grande en quienes formaron el PCE en Córdoba desde los años 60. La militancia y sus organizadores crearon un PCE más abierto, cuando todavía estábamos en las “catacumbas”. Eso preparó el posible éxito PCE de forma muy amplia. En segundo lugar, la historia y los liderazgos electorales fueron también claves para vivir “con normalidad” el voto PCE. Por último, el trabajo electoral que se llevó a cabo en la confluencia política, cultural y asociativa en Córdoba fue clave para conseguir aquélla amplia representación del PCE y de IU en los Ayuntamientos y Diputación. Es verdad que el voto más importante fue en las elecciones municipales, pero eso también significa que el PCE-IU estaba donde debía estar, en la calle, con la ciudadanía, encarando sus problemas reales.