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“La cultura es de la gente, de la sociedad, o no es cultura”

José María Manjavacas Ruiz (Cádiz, 1962) Licenciado y doctorado en Antropología Social y Cultural en la Universidad de Sevilla, completó su formación en el Centro de Estudios Sociales (Universidad de Coimbra). Comenzó a trabajar muy joven, mientras estudiaba bachillerato y participaba en movimientos sociales. Su tesis doctoral trató sobre participación social y ciudadana, democracia participativa y presupuestos participativos; trabajos políticos que ha combinado con otros sobre patrimonio etnológico y turismo responsable, diversidad cultural y relaciones interculturales.

Ha realizado trabajo de campo etnográfico y otras actividades investigadoras en instituciones políticas y entidades asociativas, en procesos participativos urbanos, entre grupos de personas inmigradas, en asociaciones de personas adictas, en enclaves portuarios pesqueros, entre grupos de jóvenes, en espacios socioculturales tradicionales, en el sector artesanal, en establecimientos turísticos o en rituales y celebraciones festivas.

Ha dado también clases de grado y postgrado en la Universidad de Sevilla, en las universidades de Cádiz y Pablo de Olavide y en distintas administraciones públicas. En el curso 2009/2010 se incorporó a la Universidad de Córdoba, donde coordina la unidad de investigación ETNOCÓRDOBA Estudios Socioculturales. Forma parte del Grupo para el Estudio de las Identidades Socioculturales en Andalucía del Plan Andaluz de Investigación.

¿De dónde surge la idea de crear la unidad de investigación ETNOCÓRDOBA?

En 2010, un grupo de estudiantes mostró interés por hacer pequeñas investigaciones socioculturales. Poco después se unieron algunas antropólogas tituladas en Sevilla o Granada, o en la UNED. Teníamos afinidades en nuestro enfoque aperturista del patrimonio cultural, en la preocupación por el retroceso democrático, en la defensa radical de los Derechos Humanos, en nuestra visión de una universidad más abierta y comprometida…

Comenzamos a diseñar y ejecutar trabajos de investigación… Se nos unieron otros profesores, investigadores y estudiantes de diversas áreas. También otros profesionales y activistas sociales.

Eulalio Fernández, decano de Filosofía y Letras, nos sugirió constituirnos en unidad de investigación. Dicho y hecho. A día de hoy hemos ampliado nuestras líneas de investigación y hay un grupo interdisciplinar de compañeras y compañeros formidables que trabaja muy duro.

¿Qué lugar le asignas a la cultura en el desarrollo de la ciudad de Córdoba?

La pregunta admite varias respuestas.

Una, de principios: cultura es todo lo que no es genético. Desde esa perspectiva, la cultura en Córdoba es una manera total y particular, sobria y hermosa, sin duda diversa, de ser animal humano en este nuestro trocito del mundo que se llama y se siente Andalucía.

Otra respuesta, más pragmática, refiere a unas políticas y actividades culturales que creo se debaten entre dos polos. En uno está la presión por elaborar productos, a modo de marca y reclamo, de esta ciudad que hay quien se empeña en convertir en una ciudad-producto orientada unilateralmente a los mercados.

En otro polo, puja el talento por hacer de la cultura en la ciudad una expresión de libertad y una herramienta para el crecimiento, para la felicidad, para vivir mejor. Y una digna profesión que contribuya a otro modelo de desarrollo más equilibrado y más justo. Y ¿por qué no?, cultura para soñar y construir y compartir nuevas utopías. Y para para cambiar el mundo, que digo yo que ya va siendo hora.

¿Consideras que debe potenciarse más la relación entre educación y cultura?

Indudablemente sí. Más y mejor. En todos los niveles educativos. En la UCO lo tenemos que bordar con nuestro grado en Gestión Cultural. O con todo lo que estáis haciendo.

Una de las líneas de trabajo de ETNOCÓRDOBA es la democracia y la participación social y ciudadana. ¿Cómo calificarías la importancia de acercar la cultura a los barrios?

Es de cajón. La cultura es de la gente, de la sociedad, o no es cultura. Y la gente está en la ciudad, en toda la ciudad; en ese espacio próximo y complejo donde discurre la vida y donde deben plasmarse los derechos de ciudadanía. Ciudadanía y democracia son inseparables y no hay democracia sin democratización cultural, sin inclusión, sin integración cultural. Lo contrario será erudición. O elitismo. Pero no cultura.

En relación a la pregunta anterior, en la actualidad se identifican grupos que conforman subculturas y desde los cuales se generan expresiones, acción política y sentido de la comunidad. ¿Cómo valoras el apoyo aportado desde la ciudad y sus dirigentes a estos grupos?

Reciben más apoyos desde gente de la calle que desde las dirigencias políticas, económicas, religiosas o de otro tipo. Es de justicia apuntar que está habiendo cambios, particularmente en el ámbito político local. Atrás quedaron, por ejemplo, los cortes de agua y luz o las descalificaciones a los activistas socioculturales del Rey Heredia. Parece que hay nuevas sensibilidades. También en nuestra universidad, que debe, desde la pluralidad, estar a la vanguardia y comprometerse con los jóvenes creadores que nadan contra la corriente. Contra una corriente dominante que, en Andalucía, tiene tintes de Régimen y ha estado sobrada de enchufismo, de clientelismo, de manipulación y de malgasto de dinero público.

¿Y la importancia de hacer visible la cultura de los barrios en otras capas de la ciudad?

Pues claro. El activismo cultural –o sociocultural- tiene que mostrar otras representaciones que trasciendan la porno-realidad de las narrativas hegemónicas. Hay un caso muy particular que invita a pensar: las agrupaciones carnavalescas de Córdoba, en su mayoría de los barrios populares y los pueblos, comienzan a “tomar” simbólicamente durante el carnaval, aún con cierta timidez, enclaves del centro de la ciudad. Es una “ocupación” formidable, digna de estudio.

Hace un par de meses se han realizado las III Jornadas ETNOCÓRDOBA dedicadas a la salvaguarde y sostenibilidad de culturas, patrimonios y turismos. ¿Cuáles son las principales conclusiones obtenidas durante estos debates?

Telegráficamente, pues fueron intensas.

El turismo tiene importante influencia económica y sociocultural. Pero también conlleva impactos muy transversales sobre los que hay que hablar; con espíritu constructivo, pero hay que hablar. Y si esos impactos afectan a sectores muy diversos de la ciudad, esos sectores tienen que estar en la conversación.

Hay que apoyar el dinamismo empresarial y el emprendimiento, pero también hay que insistir en la responsabilidad social. Los debates destacaron elementos preocupantes muy presentes en las actividades turísticas: por ejemplo, la precarización laboral y la feminización de las actividades más precarizadas.

Mención especial merece la relación entre determinadas actividades turísticas y el espacio urbano y la vida ciudadana; me refiero a procesos de parquetematización o de gentrificación o de privatización del espacio público. También a su relación con las actividades culturales y la salvaguardia del patrimonio cultural, en particular del patrimonio inmaterial, que refiere bienes socioculturales, algunos muy frágiles, sometidos a fuertes presiones. El Festival de Patios es un caso paradigmático.

No hay estudios rigurosos sobre estos impactos y sobre estos retos, o sobre cómo planificar actividades turísticas más sostenibles y respetuosas. No los hay. Y hay que hacerlos.

¿Qué proyectos hay planteados próximamente?

No son pocos, no. Seguimos empeñados en la innovación docente y en la formación de jóvenes investigadores en el ámbito sociocultural. Estamos ejecutando o acordando con instituciones públicas y privadas estudios sobre patrimonio, gestión cultural, participación social y ciudadana, feminismos, regeneración de espacios urbanos, sostenibilidad ambiental, economía social, tercer sector… Participamos con colegas de otras universidades en proyectos de I+D+i sobre políticas urbanas y nuevos municipalismos. Y estamos tejiendo redes con investigadores de varios países.

Además, intentamos no volvernos demasiado locos en esta alocada carrera de obstáculos que es la carrera académica.

¿Desde los inicios de ETNOCÓRDOBA hasta ahora que balance harías sobre los intereses y participación en sus actividades?

Con toda humildad… estamos –moderadamente- satisfechos. Porque estamos haciendo lo que creemos que debemos hacer. Vamos aprendiendo, compartiendo y transfiriendo conocimiento a la sociedad a la que nos debemos. Obligado es añadir, subrayado y en negrita, que con notables apoyos académicos y sociales.

Por último, desde la antropología ha estado muy vinculado a la cultura de los patios cordobeses que abren sus puertas al público en estos días de mayo. En los últimos tiempos se está hablando mucho sobre la conversión de esta festividad en una atracción de turismo masivo que trae como consecuencia la perturbación de su naturaleza como tradición y costumbre popular. ¿Cuál es tu visión ante esto?

El Festival de Patios atraviesa una encrucijada.

Una fiesta es un fenómeno mucho más importante de lo que alguna gente piensa. Es un soberbio acto de divertimento, pero también es la expresión de lo que colectivamente somos, de nuestra identidad sociocultural.

Y eso se quiebra cuando las fiestas se tornan espectáculos. Una fiesta se vive, en un espectáculo hay espectadores.

En esa encrucijada está el Festival de Patios, muy condicionado por una presión turística desmedida, poco atento a los principales protagonistas de la fiesta, tal vez poco consciente de su trascendencia para las gentes de Córdoba.

Aun así, soy optimista. Por un lado porque no todo se hace mal; por otro, porque el “mayo cordobés” de las gentes de Córdoba, siempre abierto a quienes quieran compartirlo con nosotros, sigue. Y seguirá. Si no, tendremos que reinventarlo.