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Analizan la identidad histórica de España desde las edades Media, Moderna y Contemporánea

El XIII curso ’De la identidad de Europa a la Europa de las identidades. ¿Regreso al pasado?’, que organiza el Aula de Religión y Humanismo, ha continuado con la mesa redonda ‘¿Existe una identidad histórica de España?’, en la que se ha analizado la personalidad del país desde tres etapas diferentes de la Historia: Edad Media, Moderna y Contemporánea. Han intervenido Ricardo Córdoba de la Llave (UCO), Enrique Soria Mesa (UCO) y Juan Sisinio Pérez Garzón (UCLM). El acto ha contado con una breve participación de la directora del Aula de Religión y Humanismo, María Dolores Muñoz Dueñas, que ha recordado la razón de ser del curso, señalando que el concepto de identidad “es amplísimo”, de ahí que se haya contado para esta segunda entrega con tres expertos en distintas épocas.

Ricardo Córdoba ha comenzado la ronda de intervenciones explicando que España “parece una agregación de identidades”, pero existen factores en la Edad Media que “son el germen de una identidad compartida”. El catedrático ha declarado que el propio nombre de España ya se usaba en tiempos de dominio romano bajo la forma “Hispania”, lo que se mantendrá en tiempos de los visigodos. Y ha añadido que “los cristianos del Norte”, durante el dominio musulmán, seguían utilizando el término. Además, considera que el hecho de que los musulmanes o los judíos utilizaran nombres que englobaban el territorio como Al-Andalus o Sefarad, es significativo de la existencia de una comunidad de pueblos.

En relación a la identidad común, ha recordado la batalla de las Navas de Tolosa (1212), cuando participaron tropas de los diferentes reinos de la península. Para Ricardo Córdoba esta sensación general de una identidad común comenzaría “con la romanización”, en la que se impusieron la lengua latina y la religión cristiana, una vez establecida ésta como hegemónica en el Imperio. En este sentido, cree que los reinos cristianos forjaron su identidad por el contraste con el dominio musulmán o la presencia judía. Esto tendría como consecuencia formas de gobernar y repoblar el territorio simulares, de ahí que el ponente considere que España se forja entre los siglos XI y XIII.

Enrique Soria ha iniciado su participación explicando que, durante la Edad Moderna, “existe una identidad”, pero no “unidad ni Estado español” hasta más adelante. “En el siglo XVIII los Estados son dinásticos y España no empieza formarse hasta que no empieza a perder los territorios europeos”, ha apostillado. Soria ha recordado que, en esas sociedades de soberanía, las posesiones eran de un rey y no de una nación, pero cree que la actual idea de España la conformó la Casa de Borbón a partir del siglo XVIII.

El catedrático de Historia Moderna ha indicado que lo que realmente hace diferente a España es el trato de las minorías frente a la consolidación monolítica del resto de naciones europeas. No en vano, España fue la última que expulsó a los judíos, pues Inglaterra y Francia lo habían hecho antes. “En España se obliga a los judíos a convertirse y se produce un rebrote de antisemitismo, reforzado por la Inquisición, que suponía una represión burocrática y eficaz”, ha comentado. Esa “limpieza de sangre” que se veía como una “aberración” en el resto de Europa, contrasta con una sociedad que estaba cada vez más mezclada entre judíos, cristianos y moriscos, pues hasta “el propio rey tenía sangre judía”. Por ello, se da la contradicción de que la monarquía no frene el desprecio que hay de los españoles a los que no se los considera como tales por su “impureza”, lo que trae como consecuencia ese rasgo tan español de “mirar para otro lado”.

Soria considera así que identidad española se basa en cuestiones como defender a ultranza la ley cuando, en realidad, “no se cumple”. “Es una identidad basada en la disimulación, donde se tiene que cumplir la ley aunque yo no la cumpla”, ha añadido. Y se ha referido al Siglo de Oro -en el que casi todos los personajes relevantes “tienen sangre judía”.

Por su parte, Juan Sisinio Pérez Garzón ha abordado la Edad Contemporánea, en la que años como 1824 resultan claves. En ese momento, la corona pierde casi todas sus posesiones en América, pero el pueblo considera que quien las ha cedido “ha sido el rey” y no España. Se produce así una diferenciación con el tratamiento de las pérdidas de 1898, cuando se vive un auténtico drama nacional atestiguado por el relato de autores como Miguel de Unamuno y la literatura del desastre. Por ello, Pérez Garzón piensa que existe una identidad española en el siglo XIX.

El catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha ha manifestado que las palabras España y nación empiezan a tener, en esos tiempos, un “sentido geográfico”. Y ya a finales del siglo XIX, cuando empieza a haber menos analfabetismo, los ciudadanos pueden votar, aunque elecciones marcadas por un fuerte caciquismo; y se va al servicio militar a “defender a la patria” y no al rey, como sucedía en otros periodos históricos.

En relación al presente, Pérez Garzón ha declarado que las fronteras se “han fosilizado” en Europa, a pesar de que los nacionalismos periféricos dentro del Estado friccionan con el nacionalismo español. Y ha recordado el papel que ha tenido la Iglesia en el crecimiento de estos nacionalismos catalán y vasco, sobre todo, con los que se alinean para poder evangelizar a los campesinos de esos territorios.

El curso ’De la identidad de Europa a la Europa de las identidades. ¿Regreso al pasado?’ continúa el próximo 14 de noviembre con la conferencia ‘La memoria arquitectónica del Islam en la construcción historiográfica de la identidad de España (siglos XVI y XVII)’, que correrá a cargo de Antonio Urquízar Herrera (UNED).