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Martes, 29 de Septiembre de 2015 09:04

El experto mundial Richard Webster explica en Córdoba cómo la estadística ha contribuido a la mejora del estudio del suelo

A. M.
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Richard Webster, investigador de la estación experimental de Rothamsted Richard Webster, investigador de la estación experimental de Rothamsted

En los años 60 y 70 ayudó a introducir métodos innovadores en la edafología que ha permitido predecir con más precisión el comportamiento del terreno


Richard Webster es una de las referencias mundiales en edafología, la disciplina científica que estudia la naturaleza del suelo. El suelo es la capa externa de la corteza de la Tierra, un medio poroso formado por la descomposición de rocas, sedimentos, y restos orgánicos, en el que se almacena el agua y otros nutrientes, y se producen intercambios de masa y energía con la atmósfera. Por estas propiedades el suelo es el medio ideal para el crecimiento de las plantas, y no sólo nos proporciona alimentos sino que regula el ambiente, manteniendo la temperatura del aire y filtrando y eliminando muchos contaminantes. Precisamente para concienciar sobre la importancia del suelo para el desarrollo de la vida en la Tierra, la Asamblea General de las Naciones Unidas, ha declarado 2015 Año Internacional del Suelo.


Coincidiendo con esto, se ha celebrado recientemente en Córdoba un congreso internacional dedicado al estudio cuantitativo del suelo, Pedometrics 2015, en el que Richard Webster ha sido el participante más distinguido por sus contribuciones a tal disciplina. La edafología se inició gracias a un funcionario de hacienda ruso, Dokucháyev, que quiso saber con precisión el valor del suelo para poder asignar correctamente los impuestos en el siglo XIX. Transcurrieron muchos años con aportaciones aisladas a esta ciencia, hasta que al término de la II Guerra Mundial se aplicaron los métodos de otras disciplinas formándose la edafología que hoy conocemos.

Rodesia del Norte y Oxford

Richard Webster ha recordado los comienzos de su carrera profesional en Rodesia del Norte, actual Zambia, en 1957. “Había terminado mi formación como químico en la Universidad y me reclutaron para evaluar la capacidad de la tierra para el desarrollo agrícola del país”, ha rememorado. Para tal propósito, comenzó a identificar las clases de suelo de la manera que se hacía entonces, en un sistema parecido al empleado en la cartografía geológica. Se examinaban las fotografías aéreas en gabinete y se hacían algunas medidas en campo. De vuelta al gabinete tras conocer los datos del laboratorio había que interpolar los datos puntuales para elaborar los mapas, pero ¿cómo interpolar? No estaba satisfecho con los métodos usados. “Debía de existir un sistema mejor que tomar los datos a ojo”, reflexionó.


Tras esta experiencia desde su trabajo en la Estación Experimental de Rothamsted colaboró con su colega Philip Beckett en la Universidad de Oxford, empezando a analizar la información de los suelos muestreados con métodos estadísticos. “Nos dimos cuenta que el problema era esencialmente estadístico”, ha resumido. Con estos métodos, comenzaron a clasificar y cartografiar una gran parte de la región de Oxfordshire (al oeste de Londres). En 1970 publicaron los resultados. En aquellos años había muchos edafólogos de prestigio que estaban convencidos de que al encuadrar un suelo en un sistema de clasificación se podían predecir de forma precisa todas sus cualidades, lo que Beckett y Webster ponían en duda.


Un investigador visitante mejicano, Heriberto Cuanalo de la Cerda, le sugirió el uso de los métodos de las series temporales, muy avanzado ya en otros campos, que fueron aplicados cambiando la variable tiempo por la variable espacio, con notables resultados. Le dieron una vuelta al método clásico de toma de datos sobre el terreno: “¿Y si lo hacíamos de forma aleatoria?, nos preguntamos”, dice el profesor Webster. De nuevo en la campiña que rodea la ciudad de Oxford, comenzaron a medir las propiedades de los suelos empleando la teoría de grafos. Las relaciones matemáticas entre los datos adquiridos permitieron obtener una información más precisa sobre las características del terreno.


Sin embargo el problema de cómo interpolar datos seguía sin una respuesta buena. De forma inesperada, en los últimos días de una estancia en el instituto de investigaciones más importante de Australia, CSIRO, en Camberra, Webster recibió un visitante que le mencionó un nuevo método para interpolar datos de forma óptima, el krigeado, llamada así por su descubridor un ingeniero de minas surafricano llamado Danie Krige. Esta mención fue como una epifanía para Webster. De vuelta en Inglaterra estudió los fundamentos e inició una serie de publicaciones que abrieron una nueva vía en la edafología, la geoestadística, plasmada mucho más tarde en unos libros que hoy son clásicos como libros de texto. Entre otras propiedades la geoestadística tiene la ventaja de efectuar interpolaciones insesgadas, y con un error mínimo. Por todo ello Richard Webster es uno de los gigantes que han desarrollado la edafología.


Regreso a Córdoba

Desde la década de los años 60 del siglo pasado no visitaba Córdoba. Invitado al congreso Pedometrics 2015, ha impartido una conferencia en la que ha hecho un repaso de los profundos cambios a los que ha contribuido que esta rama del conocimiento ha vivido, con la introducción de técnicas estadísticas que mejoran la predicción del comportamiento de los suelos. “La disciplina ha cambiado enormemente”, reconoce. Webster lamenta que aún hoy, los mapas de suelo no se empleen de forma general por parte de las personas que más contacto tienen con ellos, los agricultores. “Obviamente, tienen un conocimiento profundo del terreno que trabajan, pero los mapas de suelo les ayudarían a enfocar con más garantías los problemas de sus explotaciones”, resume. También destaca la necesidad de intercambio de ideas y métodos entre todos los campos de la ciencia.

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