Dossier de Prensa

Los numerosos avances de la ciencia y la tecnología en un mundo cada vez más globalizado están suponiendo una mayor interacción entre individuos de distintas culturas y sociedades. Por este motivo, uno de los conceptos que se erigen como claves en la sociedad del siglo XXI es, sin duda alguna, la comunicación. Esta comunicación entre personas y disciplinas, no obstante, se encuentra claramente vinculada a la actividad traductora. Por ello, la traducción se configura como una labor habitual y necesaria, indispensable para la comunicación en todos los ámbitos del conocimiento. La traducción, entendida como proceso y acto comunicativo, es, pues, una herramienta al servicio de la difusión del conocimiento.


En este contexto y organizadas por el grupo docente 155 de la Universidad de Córdoba han comenzado esta mañana en el salón de actos de la Facultad de Filosofía y Letras las  II Jornadas Ciencia y Traducción: "Puentes interdisciplinares y difusión del conocimiento científico", en las que la traducción juega un papel fundamental en el intercambio de ideas y avances científicos. El acto inaugural contó con la presencia del vicerrector de Estudios de Postgrado y Formación Continua, Jose Carlos Gómez Villamandos, y del decano de la Facultad, Eulalio Fernández, asi como con la secretaria del centro , Maria del Carmen Balbuena, y la profesora Manuela Alvarez Jurado coordinadoras de las Jornadas. Todos  subrayaron su actualidad y oportunidad como un punto de encuentro y un foro de debate en el que poner de relieve la relación - en ocasiones imperceptible, pero en todo caso necesaria - entre ciencia y traducción.

 En esta edición las jornadas constan de cuatro secciones: La traducción y el sector agroalimentario; La traducción y el sector biosanitario; La traducción y el sector tecnológico y la traducción y la difusión del conocimiento científico.

 

La catedrática de Psicología, profesora jubilada de la Universidad de Córdoba, Anna Freixas presentará el próximo martes 16 de abril su último libro, editado por Paidós bajo el título “Tan frescas, Las nuevas mujeres mayores en el siglo XXI”. Una obra en la que Freixas recupera buena parte de su investigación y repasa de manera divulgativa y sencilla el cambio de rol de las mujeres a partir de los 50 años. Una edad en la que a juicio de la profesora “se hacen socialmente invisibles” y que sin embargo está llena de posibilidades personales.
En su prólogo, Rosa Regás señala que se trata de “un libro profundo en su amenidad y útil en su necesidad, bien escrito, expuestos los argumentos con claridad y con una dosis de optimismo que en la situación en que nos ha tocado vivir es importante”. Recomienda Regás su lectura “como  estímulo para nosotras, las mujeres mayores, ancianas o simplemente viejas que no nos conformamos con ver la edad como la mera espera de la muerte, sino como continuación de una vida de la que estamos dispuestas a aprovechar hasta la última gota”.

Freixas presenta a las mujeres mayores como “las hijas del rock and roll y del feminismo que hoy tienen 60, 70 y 80 años. Han roto muchos moldes, son independientes, activas y exigentes y los estereotipos de la vieja modosita no le sirven”.


A Neptuno, el dios del mar, le ha salido un competidor. No es tan musculado ni luce melena blanca y tridente, pero ha demostrado ser un superviviente a prueba de extinciones, glaciaciones y millones de años. Mide poco más de 0,4 micras y nadie sabía nada de él hasta 1988 y eso a pesar de ser la forma de vida más abundante en el océano. Es Prochlorococcus, una cianobacteria marítima que vive en condiciones extremas y de la que se creía que, como la mayoría de las de su especie, sólo se alimentaba de la luz, es decir, generando su propio alimento por el proceso de la fotosíntesis.


Sin embargo, un equipo de investigación del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Córdoba, cuya primera autora es la doctoranda María del Carmen Muñoz Marín, ha probado que Prochlorococcus es perfectamente capaz de absorber glucosa del océano. Una capacidad que los científicos cordobeses acaban de mostrar al mundo en un artículo publicado en la revista de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. (Proceedings of the National Academy of Sciences of the USA), después de tres años de trabajo en el laboratorio y dos meses de expedición en el Océano Atlántico, tomando muestras en un viaje desde el Sur de Inglaterra hasta Chile, y gracias a la colaboración con Ignacio Luque, del Instituto de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y Mikhail Zubkov, del Centro Oceanográfico Nacional de Southampton, en Reino Unido.

Prochlorococcus es el mayor productor de biomasa del océano y, como todos los organismos fotosintéticos, juega un papel fundamental en el desarrollo y mantenimiento de la vida en el planeta. Su capacidad de generar energía a partir de la absorción de la glucosa es para Jesús Díez, uno de los autores del trabajo, la mejor prueba de la adaptabilidad de este organismo que sabe aprovechar la luz –que sigue siendo su principal fuente de energía y la única que garantiza su supervivencia- y otros recursos para sobrevivir en un medio en el que entra en competencia con otras especies. 

Si evolutivamente el rey del mar será capaz de compaginar su cualidad de organismo fotosintético con la capacidad de utilizar el alimento proporcionado por otros organismos o sustituir uno por otro son incógnitas que de momento sólo han quedado planteadas a la comunidad científica. Al fin y al cabo a un ser con millones de años y sólo 25 bajo el microscopio aún le deben quedar secretos por revelar. 

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