“De una encina embebido en lo cóncavo”. Las Soledades y la iconografía eremítica

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Humberto Huergo Cardoso

Resumen

Tanto Díaz de Ribas como Fernández de Córdoba opinaban que el título de las Soledades se refería al yermo de los Padres del desierto: “Los desiertos de Egipto, donde vivían aquellos monjes antiguos, se decían ‘soledades’ por ‘yermo’, que es lo mismo”. ¿Es así? Alternando la filología y la historia del arte con la estética, este trabajo intenta demostrar: 1) Que el paisaje de las Soledades no se inspira en cualquier “lienzo de Flandes”, sino específicamente en los paisajes con ermitaños al estilo de las Tentaciones de san Antonio Abad del Bosco o de la Solitudo, sive vitae patrum eremicolarum (Soledad o la vida de los padres ermitaños) de Johan y Raphael Sadeler y Adriaen Collaert; 2) Que lo propio del paisaje con ermitaños flamenco no es el beatus ille horaciano, sino el “mudo horror divino” de las soledades del yermo, horror divino asociado desde siempre con la estética de lo sublime; 3) El último epígrafe intenta ir un poco más lejos y desentrañar la sublimidad de las Soledades más allá de la deuda con respecto al paisaje flamenco con ermitaños. Mi tesis es que lo sublime no debe entenderse como una simple elevación retórica, sino como una anti-retórica destinada a provocar, como dice pseudo-Longino, “el completo colapso del discurso”.

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