El mundo
de las matemáticas es singular a dudas apasionante, pero también es uno de los aspectos
en los que se suele manifestar un mayor incide de dificultades por parte de los
alumnos. Desde aquí pretendemos reflexionar sobre algunos aspectos que creemos
que inciden en este rechazo hacia las matemáticas de muchos de nuestros
alumnos; de su reflexión, pueden surgir pautas de actuación que marquen un
posible camino a seguir para la resolución de dichas dificultades.
El
mundo de las matemáticas siempre se ha concebido como algo muy abstracto,
irreal y que, salvo contadas excepciones (las reglas aritméticas), no tenía una
utilidad práctica.
Sin duda, esta concepción generalizada se deriva en buena medida de una acción docente que en muchas ocasiones se ve incapaz de presentar el mundo de las matemáticas como algo interesante, divertido e intrínsecamente funcional. Baste con recordar todas las acciones que debemos realizar a lo largo de un día normal (entender las horas del reloj, hacer la compra, calcular el tiempo para llegar a una cita...etc),para que quede patente esta conexión con la realidad y su utilidad, aspecto que sin duda debe ser potenciado para que los alumnos se sientan motivados hacia su aprendizaje, experimentación y uso.
Desde
nuestro punto de vista, de manera tradicional y desde una perspectiva
curricular, las matemáticas se entendían como un foco de contenidos que se
trabajaban a partir de una cierta edad (A partir de Primaria). Nada más lejos
de la realidad. De hecho, el currículum de Ed. Infantil, en el área de
“comunicación y representación” dedica un bloque a la expresión matemática; es
mucho lo que se puede y se debe trabajar en este aspecto: la manipulación,
observación de objetos, texturas, colores, clasificaciones...todo ello es
matemáticas y sin duda sienta las bases para una buena iniciación a las
matemáticas.
En
la acción pedagógica, muchas veces se tiende a reducir las matemáticas a
cálculos que se recogen sobre papel. Esto es una falacia que hace que las
matemáticas se conciban como algo abstracto, nada motivante y que provoca en muchos casos se manifieste un
rechazo hacia las mismas.
¿Es que si no hacemos largas cuentas escritas no estamos sumando, estando...?. Sin volver a reincidir en la idea de que cotidianamente hacemos matemáticas casi sin darnos cuenta, también es cierto que esta concepción restrictiva de las matemáticas haga que en muchas ocasiones ignoremos las posibilidades de otros tipos e actividades: cálculos mentales, juegos de dramatización-escenificación de situaciones reales, experimentación con distintos materiales...etc.
Sin lugar a dudas,
si hacemos caso a todas las "“mentiras"”dichas anteriormente, las
matemáticas se convertirán en algo tedioso, desmotivante y aburrido. Esto es
porque en muy pocas ocasiones se cuenta con las necesidades e intereses de
nuestros alumnos y no se presenta el trabajo con las matemáticas dentro de un contexto
lúdico, experimental y funcionalista.
De
acuerdo con todo lo dicho, creemos que el trabajo con las matemáticas debe
evolucionar hacia un trabajo que conecte con los intereses reales de nuestros
alumnos (presentar su uso en situaciones y contextos reales de su vida
cotidiana, por ejemplo), de forma lúdica (juegos, experimentaciones... ), etc.
En este sentido, creemos que es necesario que el niño tome conciencia desde pequeño de ese “universo matemático” que le rodea: formas geométricas, formaciones numéricas, relaciones de objetos... que se presentan en su contexto habitual.
Así mismo, dentro de este proceso es fundamental que el alumno se vaya familiarizando e interiorice, de manera lúdica y amena, los conceptos y esquemas estructurales que componen el sistema matemático. Por ello, creemos que es necesario que se parta de un conocimiento experimental que debe comenzar por lo más concreto para llegar a lo más abstracto. Así, deberíamos pasar por un lenguaje manipulativo, semiformal y formal (Ver cuadro 1). De hecho, algunos de los problemas que se pueden presentar en el aprendizaje de las matemáticas pueden tener lugar porque no se ha seguido un correcto uso y secuenciación en el acceso a cada uno de estos lenguajes (por ejemplo, trabajar directamente con el lenguaje matemático formal. Así, por ejemplo, antes de aprender a sumar, los niños tendrían que manipular con distintos materiales: bolas de colores; juntarlas, repartirlas, jugar con ellas. En un paso más adelante, podíamos jugar a que diez bolas formas un collar ( sistema numérico en base diez). Más adelante aprenderíamos que al juntar bolas estamos sumando, y al quitarlas estamos restando... en último nivel se pasaría a abstraer estos conceptos de manera convencional, con el uso de número, signos aritméticos...etc.
Creemos que en
cualquier actuación matemática debemos progresar por un uso de los distintos
lenguajes:
Lenguaje manipulativo: mediante este lenguaje el niño interacciona con los recursos o
elementos, los manipula y actúa con ellos; con este lenguaje se relaciona con
el medio y experimenta a través de todos
los sentidos.
Lenguaje semiformal: es más estructurado y complejo que el manipulativo, y presupone el
conocimiento y la interiorización de algunos de los símbolos convencionales
matemáticos que se utilizarán como medida de expresión.
Lenguaje formal: es el lenguaje propiamente matemático, de manera que llega a los más
altos niveles de complejidad, estructuración y abstracción.
En definitiva, debemos plantearnos como
docentes una nueva visión de las matemáticas que nos ayuden a que los niños las
vivan como algo útil, divertido, conectado con su realidad. Para ello deberemos
variar muchas de nuestras concepciones equivocadas hacia su enseñanza y
aprendizaje, para prevenir la posible aparición de dificultades en su
aprendizaje y también para intervenir en la resolución de estos problemas si
fuera necesario.
Z.P. Dienes (1994). “Las seis
etapas del aprendizaje”. Madrid: Teide.
Varios autores: “Contenidos educativos generales en Educación infantil
y Primaria”. 1992. Sevilla: Aljibe.