Durante mucho tiempo, se ha diagnosticado a las criaturas
con dificultades lectoras sin contar con una teoría sobre la lectura. Esto ha
originado multitud de equívocos y dificultades añadidas. El objetivo de este
artículo es proponer una nueva conceptualización en el tan debatido tema de la
“dislexia”, a la par que tratar de esbozar unas líneas generales de
intervención.
Es un término muy confuso, evolucionado de una serie de intentos que, desde finales del S.XIX, se hacían para tratar explicar “los extraños casos de niños que, viendo perfectamente, son ciegos a las letras”. De ahí que se usasen denominaciones tan dispares como ceguera verbal, trifloresia congénita, estrefosimbolia...
Pese a que, en la actualidad, el de dislexia parece ser un vocablo comúnmente aceptado, no todas y todos los autores están nombrando la misma realidad cuando lo utilizan. Son múltiples las definiciones, las clasificaciones y las explicaciones, sobre su origen genético o no, que se han dado (Ellis, 1980; Boder, 1973; Klein, 1951; Sánchez, 1990; etc).
3¿Qué
implicaciones educativas tiene el uso de este término?
Por sostener que es un trastorno
congénito, niega la importancia de la intervención educativa en la resolución
del problema.
Al ser una denominación tan
confusa, no nos aporta nada acerca de las dificultades y/o posibilidades que tiene
la persona; no describe su situación.
Por su tradición, añade
connotaciones patologizantes a la dificultad lectora.
Debido a lo anterior, propicia el etiquetaje y, por tanto, favorece la aparición de la indefensión aprendida, por lo que añade una dificultad más
Nuestra teoría sobre la lectura está fundamentada en las aportaciones socioculturales y contextuales, así como en las afirmaciones de aurores como Smith (1978) y Goodman (1976), que sostienen que la lectura es más un proceso psicolingüístico, de creación y confirmación de hipótesis a partir del conocimiento previo sobre el lenguaje y el mundo, que un fenómeno exclusivamente perceptivo.
Partimos de la idea de que la lectura es un aprendizaje, por lo que la dificultad en la lectura no aparece hasta que se produce la situación de aprendizaje. Estamos, por tanto, ante una dificultad de aprendizaje (o de enseñanza), al margen de cuestiones hereditarias o congénitas. Por esta razón, frente al de dislexia, proponemos el termino dificultades en la lectura, cuya definición podría ser la dad por Ajuriaguerra : “dificultad en la adquisición de la lectura en el promedio de edad habitual, al margen de déficits sensoriales”.
3¿Qué implicaciones educativas tiene el uso de este
término?
Pone el acento en la intervención
educativa.
Señala la importancia de estudiar
el contexto en que se produce la situación de enseñanza aprendizaje.
Obliga a describir la actividad
lectora del niño o niña (¿opera con las dos vías?, ¿se apoya en el contexto?...),
frente a la mera etiqueta.
La descripción anterior orienta las líneas de intervención , aportando información sobre las dificultades y posibilidades de la persona en cuestión.
Jiménez, Jaime (1988). Como
fabricamos la dislexia. Disgrafos.
Lacasa, Pilar (1997). Familias
y Escuelas. Caminos de la orientación educativa. Visor.
Rivas, Rosa y Fernández, Pilar
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Rueda, Mercedes (1995). Lectura:
Adquisición, dificultades e intervención. Amarú.
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Palacios (Eds.), Desarrollo psicológico y educación. Vol.III Necesidades
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Solé, Isabel (1992). Estrategias
de lectura. Grao