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Lectura semanal / Día Mundial de la Poesía: la memoria prodigiosa de Francisca Aguirre
« Último mensaje por Esperanza en 21 de Marzo de 2019, 08:13:51 am »
Dice Todorov que cuando los acontecimientos vividos por un individuo o por un grupo son de naturaleza excepcional o trágica, el derecho de este individuo o de este grupo a dar a conocer su propia historia, se convierte en un deber (más bien en dos): primero, acordarse de todo, y segundo, dar testimonio de ello. Francisca Aguirre puede ser un claro ejemplo de ello.
“Escribes para no andar a gritos y para no volverte loca. La poesía tranquiliza. A mí me ayuda. El mundo es injusto pero el lenguaje es inocente. El poder de las mujeres es tener la oportunidad de decir que no. Por eso es tan importante la educación, la independencia. Queda mucho por hacer porque la desigualdad sigue siendo enorme: entre hombre y mujeres, entre ricos y pobres…”, dice Francisca Aguirre (Alicante, 1930), cuya infancia, como la de tantas personas de su generación, se vio truncada por la llegada de la Guerra Civil. Hija del pintor y policía republicano Francisco Aguirre, tuvo que huir en 1939 a Francia junto con sus hermanas y sus padres, coincidiendo en el tiempo con su admirado y querido Antonio Machado (“Yo era pequeña / y tenía sueño. / Don Antonio era viejo / y también tenía sueño /. Señor, qué imperdonable: / haber nacido demasiado pronto / y haber llegado demasiado tarde”). Allí, en el puerto de Le Havre, esperaron un barco que los llevaría a América, pero que nunca llegó. Volvieron a España y poco después su padre fue encarcelado en Porlier y fusilado.  A partir de ahí, su vida y la de su familia no fue nada fácil. Autodidacta y trabajadora incansable, trabaja como telefonista y se refugia en la literatura, su arma secreta para combatir una realidad que la ahoga (“descubrir los libros ha sido uno de los pocos regalos que la vida me ha hecho”). En los años cincuenta, frecuenta las tertulias literarias de Madrid y se relaciona con los escritores de la época, entre ellos el que luego sería su marido, Félix Grande, y con el que tuvo una hija, la también poeta Guadalupe Grande. La influencia de estos (Luis Rosales, sobre todo) y la lectura de Kavafis, la harán romper con todo lo escrito hasta ahora, y es por eso que, aunque escribe desde muy joven, su primer libro, Itaca, no aparece hasta 1972. Así pues, aunque por su edad perteneció a la Generación del 50, por unas razones o por otras, nunca apareció en el retrato oficial.
Los tres pilares fundamentales de su poesía serán, a partir de entonces, la vida, el arte y la libertad. La soledad, la espera, con sin esperanza, el tiempo, el sujeto, la falta de futuro, la falta de Dios, serán los temas que impregnen sus poemas. “Francisca Aguirre, acompáñate”, se dice a sí misma, porque sabe que es eso lo único que tiene, “esa vida tan remendada a la que tantas veces le saqué el dobladillo para alargarla un poco más”.
“En la noche fui hasta el mar para pedir socorro / y el mar me respondió socorro”, ¿puede haber mayor soledad? Para combatirla, para exorcizar su angustia, escribe, escribe mucho, largos poemas a veces muy narrativos, como si de un cuento se tratara, su propio cuento que no tuvo un final feliz: “Aquellas niñas en hilera / que cantaban para espantar el hambre / son éstas que escriben poemas.”
Después de Itaca publica Los trescientos escalones en 1977. Aquí,  la experiencia colectiva de la derrota en la guerra civil, así como su propia derrota personal, sobre todo la muerte de su padre, quedan sintetizados en versos como este: “Papá, perdimos tantas cosas / además de la infancia”. Este magnífico y conmovedor libro se cierra con tres poemas impactantes: “La chiquita piconera”, “El último mohicano” y “Los trescientos escalones”, agrupados bajo el título “La infancia continúa subiendo la escalera”, esa escalera que su padre le pintó no solo “para que pudiera subir, vivir”, sino también “una escalera para descender, callar, y sentarme a tu lado como entonces”, porque “algunas veces sucede que me canso”.
Otra de sus grandes pasiones es la música, muy presente en toda su obra, y sobre todo en su siguiente libro, La otra música (1978), esa música que sigue sonando “a guerra macilenta / a deserción en campo de batalla”, la música que abre heridas, la música de los inocentes que “componen millones de ignorados que no cantan desde hace siglos”, pero siempre “moderato”, “tarareando, indiferentes, educados y viejos”, porque “hay un concierto agazapado entre los huesos (…) / hay un concierto terco y palpitante” que nos obliga a querer ver la vida desde fuera y “desear ser sólo un elemento del planeta”.
A continuación escribe dos libros de prosa, también atravesados por su memoria, uno de ellos de no ficción (Espejito, espejito) y otro de relatos (Que planche Rosa Luxemburgo).
Hasta 1996 no vuelve a publicar poesía con Ensayo general (1981-1993), título que utiliza posteriormente para varias de sus recopilaciones poéticas, y que a diferencia de sus otros poemarios está compuesto de sonetos clásicos dedicados en su mayor parte al amor, o, más bien, al desamor, porque “el amor, lo sé por experiencia, / es una extraña fiera siempre hambrienta / que no brinda descanso ni consuelo”.
En 1999 publica Pavana del desasosiego (“detrás de la tristeza canta un mirlo: / por fin tu corazón oye y entiende. / Todo está bien. Pero hace mucho frío”). Aunque a veces la tristeza le da un respiro, sobre todo cuando acude a los instantes de felicidad que le proporciona lo cotidiano, junto a su marido y su hija, no es hasta más adelante, en sus siguientes poemarios, que puede acudir al menos al consuelo de la ironía:  La herida absurda (2006) y  (2008).
“La vida es tan confusa que dentro de ella cabe todo, y algunas cosas que creíamos que eran joyas no son más que baratijas, mientras que algo que nos parecía de hojalata era de oro, o algo que creíamos que era una piedra era un diamante”.
Son los desperdicios, los escombros, tan presentes en sus poemas y que dotan a su obra de un hondo significado y un sello propio.Con Historia de una anatomía (2011) se le concede el Premio Nacional de Poesía y consigue parte del reconocimiento que quizá hasta ahora se le había negado.
Sus últimos libros publicados son Los maestros cantores (2011), prosas poéticas dedicadas a sus grandes poetas de siempre y Conversaciones con mi animal de compañía (2012), en el que se desvía del tema autobiográfico, para, con humor y sencillez, indagar en los problemas del ser humano contemporáneo.
En 2018 obtuvo el Premio Nacional de las Letras, según el jurado “por estar su poesía (la más machadiana de la generación del medio siglo) entre la desolación y la clarividencia, la lucidez y el dolor”. Estamos de acuerdo.
Vamos a vencer los reparos que tenemos a veces para leer poesía, y celebremos este Día Mundial de la Poesía leyendo una selección de poemas de Francisca Aguirre, elaborada en exclusiva por el Club de Lectura UCO, además del cuento Que planche Rosa Luxemburgo, y que os podéis descargar en pdf sólo si os habéis registrado. También podéis encontrar algo de su obra en la Biblioteca.
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Lectura semanal / Re:"Cumbres borrascosas", de Emily Brönte
« Último mensaje por Esperanza en 22 de Febrero de 2019, 12:57:38 pm »
Es que lo de las adaptaciones cinematográficas daba para otro post, y para no alargar, sólo las he mencionado. Yo unicamente he visto la de William Wyler, y, por supuesto, que dulcifica mucho los personajes y la historia, sobre todo el de Heathcliff, pero también el de Catherine, que, en muchas ocasiones es un "mal bicho" y en la película se presenta de otra forma. Es lo que tú dices, se queda solo con la historia de amor, pero no con la de venganza. Además de la de Peter Kominsky que mencionas, hay otra versión posterior, de 2011, dirigida por Andrea Arnold, que tengo pendiente de ver y en la que parece que da gran protagonismo al paisaje. Ah, y como novedad, Heathchliff está interpretado por un actor negro (James Howson).
Como dije para Jane Eyre, la sombre de Cumbres Borrascosas es muy alargada, y es que, cuando una historia es buena y está bien escrita, da para mucho.
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Lectura semanal / Re:"Cumbres borrascosas", de Emily Brönte
« Último mensaje por Inma en 22 de Febrero de 2019, 08:12:25 am »
Hola Espe. Yo también leí este verano "Cumbres borrascosas" y me pareció una historia fascinante, no tanto de amor como de odio y venganza.

Tenía un recuerdo distinto porque hace muchos años había visto la película de William Wyler, con Merle Oberon y Laurence Olivier en los papeles protagonistas. Y la razón es que Wyler se centra en la historia de enfermizo amor entre Cathy y Heathcliff y obvia lo que en mi opinión es la parte fundamental de la novela, la capacidad de Heathcliff de destruir con su odio todo lo que le rodea.

Cuando terminé de leer el libro me quedé muy enganchada a la historia y volví a ver esta película y al día siguiente vi la versión de  Peter Kosminsky, con Juliette Binoche y Ralph Fiennes en los papeles principales, mucho más fiel a la obra de Emily Bronte, aunque mucho peor como película. Me parece un interesante ejercicio con estos clásicos que han sido adaptados al cine y a la televisión porque enfrentas la idea que tú te has hecho con la que han visto otras personas.
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Lectura semanal / "Cumbres borrascosas", de Emily Brönte
« Último mensaje por Esperanza en 21 de Febrero de 2019, 10:43:52 am »
Como de vez en cuando nos gusta leer algún clásico por aquello de que es bueno para la salud, aprovechamos que el año pasado se celebró el bicentenario del nacimiento de Emily Brönte (1818-1848) para leer su única novela: Cumbres Borrascosas (Whutering Heights), publicada en 1847 bajo el seudónimo de Ellis Bell, y que nació como producto de un propósito común, acordado con sus dos hermanas, de escribir una novela cada una: Charlotte, a la que también hemos leído en el Club de Lectura UCO con su obra posterior, Jane Eyre, escribiría El profesor, y Anne haría lo propio con Agnes Grey, ambas publicadas también bajo seudónimo masculino por razones obvias de época y consideración social hacia las mujeres.
Aunque en su día fue rechazada por los críticos debido a su carácter duro y extremado, además de por su estructura, poco frecuente para la época, poco después se convirtió en el best-seller que a día de hoy sigue siendo. ¿Por qué seguimos leyendo Cumbres Borrascosas y nos seguimos enganchando a ella igual que han hecho generaciones y generaciones de lectores? ¿Por qué cada cierto tiempo sale una nueva adaptación al cine? (recomendamos, además de estas adaptaciones la estupenda y muy reciente To walk invisible, sobre la familia Brönte).
La primera lectura nos lleva a una historia de amor donde la clase social (el origen, el determinismo), separa a dos amantes, Catherine y Heathcliff, que se pertenecen desde el primer momento en que se ven, pero que nunca llegan a consumar su amor porque ella decide casarse con otro hombre de mejor origen y que le dará, supone ella, una mejor vida.


Mi amor por Linton es como el follaje de los bosques: el tiempo lo cambiará, yo ya sé que el invierno muda los árboles. Mi amor por Heathcliff se parece a las eternas rocas profundas, es fuente de escaso placer visible, pero necesario. Nelly, yo soy Heathclif, él está siempre, siempre en mi mente; no como un placer, como yo no soy un placer para mí misma, sino como mi propio ser.

Este amor frustrado, insatisfecho, llevará a Catherine hasta la muerte y, a Heathcliff a planear una venganza brutal que acabará con casi todos los personajes de la novela. Y no es hasta que Heathcliff, ya viejo y cansado, abandone este deseo de venganza, que los pocos que quedan puedan llegar a ser felices, como luego veremos.
Pero, ¿es realmente el origen (no sabemos el de Heatcliff, al que se describe como de piel y ojos oscuros, agitanado, algo ya de por sí significativo en un país como Inglaterra) o es la educación, el trato que se le da a cada persona, lo que a fin de cuentas determina su comportamiento?

Buenas semillas, seguro, perdidas en una maraña de malas hierbas cuya fertilidad ahogaba con creces su descuidado cultivo; sin embargo, había evidencia de la riqueza del suelo, que podía producir abundantes cosechas en circunstancias más favorables.

Puede que ahí resida parte de la fuerza de la novela, en plantear una cuestión tan antigua como interesante: ¿cada persona es así desde que nace o puede ir cambiando con la educación? El final de la novela apunta a lo segundo, y los hijos (la joven Cathy y su primo Hareton), casi obligados a heredar el sufrimiento de sus padres, pueden llegar a ser felices, gracias, en parte, a la educación, a los libros y a la lectura (como les ocurrió a la propia Emily y a sus hermanas en su vida real), y a que, como hemos apuntado más arriba, Heathcliff (el mal),  los deja ya en paz.

Catherine se ocupó de envolver primorosamente en papel blanco un hermoso libro, lo ató con una cinta y lo dirigió al “Señor Hareton Earnshaw” (…)
-   Y dile que si lo acepta, iré y le enseñaré a leerlo bien, y que si lo rechaza me iré arriba y no volveré a molestarle más.

Dicen de Emily Brönte que tenía un carácter duro, severo y poco sociable (se ha llegado a decir incluso que tenía el síndrome de Asperger). Fue la que pasó gran parte de su vida cuidando de su hermano Patrick, adicto a la bebida y al opio, y parece que escribió gran parte de la novela mientras esperaba que volviera a altas horas de la madrugada de sus correrías nocturnas. Le gustaba, al igual que a sus hermanas, trepar a las rocas y correr por los páramos de Yorkshire, por ese paraje tan agreste pero a la vez tan impactante, que rodeaba su casa, y quizá era la más apegada a la tierra, la que se encontraba más a gusto en su hogar, y aunque trabajó como institutriz fuera de ella, y, luego, junto a su hermana Charlotte, fue alumna de un colegio privado en Bruselas, cuando volvió a Inglaterra, se convirtió en la administradora de la casa familiar de la que ya no volvió a salir. Este ambiente de paisaje abierto y familia cerrada lo traslada magistralmente a su novela, en la que los páramos y las casas son personajes también: por un lado Cumbres Borrascosas, rodeada de vendavales, nieve y páramos, y habitada por personajes extremos, violentos y al borde de la locura, y por otro La Granja de los Tordos, con un paraje hermoso, sereno, luminoso y fértil, como sus habitantes (los hermanos Linton), que al mezclarse con los habitantes de Cumbres Borrascosas, adoptarán muchas de sus actitudes, tanto ellos, como, sobre todo, sus descendientes. Asistimos, pues, a un mundo cerrado y endogámico, para el que no existe nada ni nadie fuera de ellos, y donde el odio se retroalimenta una y otra vez.
Para terminar, recordemos a la Emily poeta, que aunque poco conocida y menos traducida, nos dejó poemas en los que quizá podamos atisbar de dónde salió esa historia de pasión y locura que es Cumbres Borrascosas:

Caminaré, mas no sobre viejas huellas heroicas,
no por los senderos de la alta moralidad
y no entre rostros inciertos,
nebulosas formas del rancio pasado.
Caminaré adonde mi naturaleza me lleve,
pues me humillaría elegir otro guía.
Allí donde pastan entre helechos los grises rebaños,
allí, a la montaña, donde brama el viento salvaje.
¿Qué importantes secretos revelan los montes solitarios?
Gloria y aflicción inenarrables.
La Tierra, al despertar el corazón humano,
une ambos mundos, el Cielo y el Infierno.


Os dejamos el libro completo (en pdf, solo si estáis registrados), que, por supuesto, también está en la Biblioteca.

Ah, y si queréis profundizar en la novela, la investigadora de la UCO María Valero ha escrito una tesis muy completa e interesante sobre ella que podéis encontrar en el repositorio Helvia.
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Lectura semanal / "Los asquerosos", de Santiago Lorenzo
« Último mensaje por Esperanza en 24 de Enero de 2019, 08:35:54 am »
Lo primero que nos sorprende de este libro es su título (más adelante desvelaremos quiénes son “los asquerosos”), en contraste con su bucólica portada. Lo segundo es que un libro que se llama así y publicado por una editorial independiente como es Blackie Books, sea una de las revelaciones del año pasado, incluida en la mayoría de las listas de los libros más vendidos y leídos de 2018.
¿De qué va Los asquerosos? Para que os hagáis una idea, el resumen que nos ofrece su editorial es el siguiente: Manuel acuchilla a un policía antidisturbios que quería pegarle. Huye. Se esconde en una aldea abandonada. Sobrevive de libros Austral, vegetales de los alrededores, una pequeña compra en el Lidl que le envía su tío. Y se da cuenta de que cuanto menos tiene, menos necesita.
Podemos dividir el libro en dos partes: una primera en la que se nos presenta a Manuel, la vida que lleva en Madrid y sus escasas relaciones personales:  sus padres no lo quieren, apenas tiene amigos, sus trabajos son precarios, le cuesta mucho relacionarse con los demás, y no digamos, con el sexo contrario, y su único amigo es su tío (que es, a su vez, el narrador de esta historia). Así pues, cuando, en defensa propia, le clava el cúter en su portal a un policía antidisturbios, y, pensando que lo ha matado, tiene que huir con lo puesto y dejando los menos rastros posibles, nadie le echa de menos, y acude a este pariente suyo para que le ayude. A partir de aquí, su tío será su único lazo con el mundo. Huye a un pueblo abandonado y se instala en una casa cerrada en la que apenas encuentra nada, pero eso sí, lo poco que encuentra le va a servir siempre para algo. Manuel es muy ingenioso y MacGyver a su lado es un mero aprendiz. El poco tiempo libre que le queda, después de hacer sus múltiples tareas diarias para subsistir, lo dedica a pasear y a leer una colección de libros Austral que los antiguos dueños de la casa se dejaron allí. Comienza alimentándose de una compra básica mensual que su tío le hace en el  Lidl y que un repartidor le deja en la puerta sin sospechar que allí vive nadie, pero se va adaptando al medio perfectamente, y cada vez necesita menos para vivir (la visión de la higiene personal como prescindible, es, cuanto menos, curiosa). Por supuesto que todo esto contrasta, y mucho, con la sociedad en la que vivimos, no solo la urbana, sino incluso la rural, porque el consumismo ha llegado a todos sitios, y, con internet, a los lugares más recónditos. Sin embargo, en este aspecto, no vemos a Manuel como un “beatus ille”, ni leemos la novela como “un menosprecio de corte y alabanza de aldea”, sino que, como dice el autor: “es un tío que ensaya una forma de estar en el mundo que asusta bastante y al tío le sale bien”. Pero lo que a Manuel le gusta realmente de esta forma de vida es la soledad, la soledad libremente escogida, el no tener que dar cuentas a nadie, el poder hacer cosas sin pensar en las consecuencias, porque no hay nadie a quien afecten estas consecuencias.
Hasta que llegan los “mochufas” (palabra onomatopéyica inventada, que designa a los que llegan a la aldea procedentes de la ciudad, irrumpiendo como elefantes en una cacharrería), y con ellos entramos ya en la segunda parte. Un viernes aparecen unos coches llenos de gente (abuela, hijos, nietos… todo el clan familiar) que se instalan en la casa de al lado, previamente arreglada y acondicionada con todo lujo de detalles como “segunda residencia” para pasar los fines de semana. Se acabó la tranquilidad para Manuel, que se tiene que esconder de viernes a domingo (no olvidemos que es un prófugo de la justicia) y que tiene que aguantar todos los ruidos y voces de los domingueros que van en busca de “calidad de vida” y “desconexión”, a la vez que se hacen veinte selfies para subirlos a Instagram. Aquí sí que hay una crítica social muy dura, pero muy divertida hacia la sociedad actual.
Haciendo uso de su ingenio y de su faceta de manitas, Manuel planea una venganza cruel y sádica hacia los mochufas, excesivamente sádica diría yo (“mejor expresarlo en un libro que ponerlo en práctica”, dice su autor), minuciosa y muy bien planeada para que todas sus comodidades en la casa de campo se vuelvan contra ellos. Pero llegará el momento en que, por un fallo (el primero que tiene en todo el libro, porque todos los detalles los ha cuidado al máximo sin dejar ningún cabo suelto), lo descubran y entonces…
La novela destaca por su argumento, por su sentido del humor y por su lenguaje y estilo, a veces un poco redichos, y que quizá nos choquen al principio, pero que luego se integran como un elemento más en la historia, llegando a formar parte indiscutible de ella. Santiago Lorenzo se considera a sí mismo, en este sentido, un repollo natural, y escribe como quiere sin pensar en los lectores (“como puedo hacer lo que me da la gana, me quedo tan desahogado”). Quizá por eso no sea un escritor muy conocido (hasta ahora), aunque esta no sea ni mucho menos su primera obra. Con argumentos a priori tan divertidos como el de la novela que hoy leemos (por ejemplo Los millones, que trata de uno del GRAPO a quien le toca la Primitiva y no puede cobrarla porque no tiene DNI), también ha sido y es cineasta (quizá alguno haya visto su película Mamá es boba, también dotada de un humor muy sui géneris y que, después de leer alguno de sus libros, se entiende mucho mejor). Nacido en Portugalete en 1964, como su personaje, vive en un pueblo de Segovia, no abandonado, pero casi, y también predica la austeridad con el ejemplo. Concede pocas entrevistas, pero hace poco estuvo en Página Dos.
¿Quiénes son, pues, “los asquerosos”? Como habréis adivinado, los “mochufas”, por ejemplo, forman parte de ellos, y aunque “todos somos susceptibles de serlo, se refiere también a los caseros gorrones (como el de Manuel, aunque gracias a esa gorronería y a no tener conectadas las cámaras de seguridad del edificio, no lo pudieron identificar como autor de la agresión al policía), los funcionarios que golpean con exceso de celo y las empresas tramposas, por ejemplo”. A partir de ahí, la lista podría ser interminable, y cada cual puede engrosarla con su “asqueroso o asquerosa” particular (cuidado, que tú también puedes serlo).
Sentimos no poder dejaros unas páginas para que lo empecéis a leer, pero no están disponibles en la red. Lo que sí está es el libro en nuestra Biblioteca, y, por supuesto, en las librerías. Animaros a leerlo porque seguro que pasáis un buen rato.
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Lectura semanal / Re:Diez años del Club de Lectura UCO
« Último mensaje por Esperanza en 13 de Diciembre de 2018, 01:17:17 pm »
Muchas gracias, Billie. Como suele decirse, es parte de mi trabajo, pero además, es la parte que más me gusta, y si pongo un poco de color en la vida de alguien, entonces es perfecto
:) :) :) :) :) :) :) :)
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Lectura semanal / Re:Diez años del Club de Lectura UCO
« Último mensaje por Billie en 13 de Diciembre de 2018, 01:13:42 pm »
Hermoso haber llegado hasta aquí  :).

Quiero felicitar a quienes han hecho posible este club, que no sé cómo yo solo conozco hace 4 años :-[, porque han conseguido despertar mi interés y mis ganas de aprender. En especial, felicidades a Esperanza que, además de plantear siempre obras atractivas, se curra estupendamente su presentación, documentada y expuesta con tanto rigor y belleza que son un aliciente en sí mismas.

Gracias por el trabajo, por las redacciones impecables, por las vinculaciones a otras artes, por tus respuestas siempre amables, aunque sea para decir que no estás de acuerdo. Gracias por dar visibilidad a tantas maravillas, sin las que nuestra vida sería mucho más gris  :-*.
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Lectura semanal / Libros para la Navidad
« Último mensaje por Esperanza en 13 de Diciembre de 2018, 08:21:10 am »
Queramos o no, la Navidad está ya aquí, y si algo bueno tienen estas fechas es que nos proporcionan unos días libres que podemos dedicar, entre otras cosas, a lo que más nos gusta: leer. ¿Qué no sabes qué libro escoger entre todas las novedades que se han publicado en los últimos meses? El Club de Lectura UCO viene en tu ayuda, y selecciona para ti una serie de interesantes títulos entre los cuales seguro que hay alguno que es el tuyo.
Como otras veces, los agruparemos de manera que lo tengas fácil. Comenzamos por títulos de autores españoles muy conocidos, como Filek: el estafador que engañó a Franco, de Ignacio Martínez de Pisón, El rey recibe, de Eduardo Mendoza, Nada que no sepas, de María Tena, Los tiempos del odio (la tercera aventura de Bruna Husky, nuestra replicante favorita), de Rosa Montero, o Tú no matarás, de la infalible por estas fechas, Julia Navarro; seguimos con tres escritores de nuestro país, menos conocidos en general, pero bastante queridos por nosotros: Isaac Rosa, que ha escrito Feliz final, un libro bifocal (la visión de él, la visión de ella) sobre una relación de pareja que termina; Sara Mesa y su sorprendente Cara de pan, y Pablo Gutiérrez, que después de deslumbrarnos con Democracia, sigue publicando buenos libros que retratan la situación social actual, como este último, Cabezas cortadas. Terminamos con escritores de cierta trayectoria pero que se han considerado “revelación” por sus recientes publicaciones: El dolor de los demás, una historia de las que te remueven las entrañas, de Miguel Ángel Hernández; El funeral de Lolita, de Luna Miguel, más conocida como poeta y que se lanza de cabeza a la novela con este nuevo título; Las posesiones, de Llucia Ramis, un viaje de Barcelona a Palma a través de la corta vida de la protagonista, y uno de los títulos del año: Los asquerosos, de Santiago Lorenzo, divertida, sorprendente y crítica a un mismo tiempo.
Seguimos ahora con la narrativa extranjera: La desaparición de Stephanie Meller, novela negra a cargo de Joel Dicker; Un debut en la vida, de Anita Brooker, publicada en su lengua original en 1981 pero que ahora recupera acertadamente Libros del Asteroide; El orden del día, de Eric Vuillard; La novena hora, de Alice McDermott, que cuenta la historia de tres generaciones en un pequeño vecindario de Brooklyn; La madona de los coches cama, sugerente título de Maurice Dekobra, amigo de Chaplin y amante de Rita Hayworth; Una noche en el paraíso, la segunda recopilación de cuentos en nuestra lengua de Lucia Berlin; Todo cuanto amé, de la novelista y ensayista Siri Husdvet ; Ellos, en la que Francine du Plessix Gray cuenta la fascinante historia de sus padres; Cárdeno adorno, la primera novela de Katharina Winkler, basada en hechos reales y que nos habla sin tapujos de la violencia contra las mujeres; y La retornada, de Donatella di Pietroantonio, en la que una muchacha de trece años adoptada por una familia (rica) es devuelta a su familia biológica (pobre).
Dentro de la narrativa extranjera, apartado “otras culturas”, están Khalil, de Yasmina Khadra, que sigue los pasos, inquietudes y dudas de un joven de origen marroquí que vive en Bélgica y se convierte en terrorista; El origen de los otros, de Toni Morrison, en la que la escritora estadounidense de origen afroamericano aborda temas como la raza, el miedo, las fronteras, los movimientos de masas o el deseo de pertenencia ; y Vi, una mujer minúscula, de la escritora vietnamita Kim Thúy.
Dejamos la novela para adentrarnos en la biografía: Treinta maneras de quitarse el sombrero, último título de Elvira Lindo, que se descubre la cabeza ante treinta mujeres que han cambiado su vida a la vez que hace un guiño con el título a las "sin sombrero"; Una educación, autobiografía de Tara Westover, que nos demuestra cómo la educación puede cambiar radicalmente la vida de una persona, en este caso la suya propia; Sita, de Kate Millett, y su tormentosa relación con Sita, su gran amor; y un libro de título muy sugerente: Vives en las cintas que me grabaste, de Rob Sheffield, para los amantes de la música y de las, ya casi desaparecidas, cintas de casete grabadas en casa.
Terminamos la lista con el Premio Nacional del Cómic 2018: Estamos todas bien, la historia de una generación de mujeres silenciada que Ana Penyas rescata con maestría y humor.
Como veis, hemos intentado que haya variedad, además de calidad. Si alguno te interesa, pásate por la Biblioteca, porque los tenemos todos (y si ya está prestado, siempre puedes reservarlo).
También puedes verlos en el tablón de Pinterest de Novedades de Narrativa (con enlace directo de cada título al catálogo Mezquita) y en la web de la Biblioteca del Campus de Rabanales.
Que los disfrutéis y tengáis unas muy felices fiestas.
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Lectura semanal / Diez años del Club de Lectura UCO
« Último mensaje por Esperanza en 15 de Noviembre de 2018, 10:40:50 am »
Este mes de noviembre el Club de Lectura UCO cumple diez años. Si bien es cierto que en este foro llevamos sólo cinco (desde octubre de 2013), este club de lectura comenzó su andadura en noviembre de 2008 con el nombre de “Club Virtual de Lectura”, para diferenciarlo desde el primer momento de la mayoría de los clubes de lectura que ya existían y que eran presenciales. Y es que nuestro club fue uno de los primeros exclusivamente virtuales, aunque los había que combinaban lo presencial con una página web, un blog, etc.
En marzo de 2008 el personal de la Biblioteca Universitaria de Córdoba realizamos un Curso de formación de Dinamizadores de Clubes de Lectura impartido por la escritora y profesora Marta Sanz que fue el germen de todo. A partir de ese curso nació este Club de Lectura, como proyecto conjunto de la Biblioteca Universitaria y la Dirección General de Cultura de la UCO, que, desde un principio, tuvieron claro que debía ser en línea, con las ventajas (y desventajas) que esto supone. La ventaja principal es que se puede llegar a más gente (nuestro objetivo no era sólo la comunidad universitaria, sino el público en general); como contrapartida, la mayor desventaja es la dificultad de fidelización del usuario.
Así, y dentro del ya desaparecido programa “Los libros multiplican tu vida”, se incluyó un foro (muy parecido al actual) y que estuvo vigente hasta finales de 2010. Durante el curso 2008/2009 leímos Los girasoles ciegos, El niño con el pijama de rayas, El último encuentro y Chesil Beach, y se adquirieron suficientes ejemplares para los diferentes puntos de servicio de la Biblioteca (en algunos casos la Biblioteca Pública Provincial de Córdoba nos prestó amablemente los suyos). En el siguiente curso, 2009/2010, continuamos en el mismo foro, pero con el aliciente de que las tres lecturas propuestas contaron con la presencia de sus autores: Belén Gopegui, Andrés Neuman (con el que incluso grabamos un programa de radio para la cadena SER en el Salón Mudéjar del Rectorado) e Isaac Rosa, que se prestó desinteresadamente a un encuentro con los lectores a través del foro a propósito de su libro El país del miedo.
Y llegamos al año 2011. Córdoba se presenta como candidata a Capital Cultural para el año 2016 y el foro del Club de Lectura se convierte en un blog al que llamamos Leyendo Europa como apoyo a esta candidatura. Son seis las lecturas de otros tantos escritores y escritoras europeos que llevamos a cabo de enero a junio de este año: Elvira Lindo, Franz Kafka, Simone de Beauvoir, Anton Chéjov, Virginia Woolf e Italo Calvino. Como novedad, además del formato, este club incluye las lecturas propuestas en cada post, puesto que estaban disponibles en la red. Por desgracia, y aunque el blog permanece, la mayoría de los enlaces no están activos.
A finales de 2011 cambiamos de nombre aunque no de formato. Seguimos con el blog pero ya lo llamamos Club de Lectura UCO, para que, aunque las lecturas del curso fuesen temáticas, el nombre del club quedara como “marca” y fuese siempre el mismo. Y se nos ocurre hacer una especie de juego en el que, según la teoría de los seis grados de separación, iríamos de Góngora a Baroja a través de cuatro escritores unidos por alguna relación, en unos casos previsible, y en otros no tanto. Durante la semana, dábamos en el facebook de la Biblioteca una serie de pistas para tratar de adivinar qué escritor o escritora sería el siguiente (pasamos de Góngora a Rafael Alberti, seguido de Almudena Grandes, Jorge Luis Borges, Fernando Savater y terminamos con Pío Baroja, ya en mayo de 2012). También en este caso se proporcionaron las lecturas en el propio blog, y aquí sí se pueden recuperar puesto que se adjuntaron como pdf.
El curso 2012/2013 estuvo dedicado a la interculturalidad, con diez culturas diferentes representadas cada una por un escritor: la cultura judía (Sefarad, de Antonio Muñoz Molina), la cultura gitana (Pistola y cuchillo, de Montero Glez), la cultura indígena de América del Sur (La noche boca arriba, de Julio Cortázar), la cultura sureña de Estados Unidos (Carson McCullers), la cultura japonesa (Haruki Murakami), la cultura de la periferia de las grandes ciudades (Javier Pérez de Andújar), la cultura árabe (Amin Maalouf), la cultura rural (Manuel Rivas), la cultura africana (Isak Dinesen), y por último la situación de la mujer en dos lugares y épocas diferentes pero relacionadas por “velos y desvelos”: los años cuarenta en España, en la pluma de Carmen Martín Gaite, y las mujeres iraníes después de la Revolución de 1979, según la propia experiencia de Azar Nafisi.  Al igual que los anteriores, también todos los textos propuestos siguen estando disponibles en el blog.
Comenzamos el curso 2013/2014 y estrenamos nuevo formato, nueva periodicidad y nueva temática. El formato es el foro del Club de Lectura UCO actual, la periodicidad decidimos hacerla semanal, y la temática la agrupamos en cuatro bloques, uno por semana: España en marcha, Escritores UCO, Clásicos infinitos y Leyendo Europa ahora. Para los cursos siguientes, y llegamos así hasta hoy, las lecturas ya no son temáticas, sino que saltamos de un escritor a otro tratando de incluir autores de narrativa actuales sobre todo, algún clásico, algo de poesía y ensayo, recomendaciones literarias de cara al verano o la Navidad, algún aniversario, etc.
El Club de Lectura UCO cuenta a día de hoy en el foro con 216 usuarios registrados, 109 temas y 339 mensajes. Tiene presencia también en los tablones de Pinterest de la Biblioteca Universitaria: Lecturas del Club (con enlace directo a cada lectura), Las rayuelas que hay en Rayuela (en el 50º aniversario de su publicación), Ver para leer (frases e imágenes relativas al libro y la lectura) e Imágenes para un blog (“De Góngora a Baroja…”); así como en el resto de las redes sociales de la misma: Facebook, Instagram y Twitter. Y además se encarga de seleccionar las últimas novedades de narrativa que adquiere la Biblioteca (y luego te las recomienda).
A lo largo de estos diez años de camino hemos colaborado con diferentes personas e instituciones: el profesor Octavio Salazar, uno de los padrinos de nuestro Club, el  Aula de Religión y Humanismo de la UCO, la Biblioteca Pública Provincial de Córdoba, el homenaje que la UCO dio a Eduardo Galeano… También inauguramos el Gestionario de UCOCultura, y alguna que otra vez los medios de comunicación se han fijado en nosotros.
Ya para terminar, queremos dar las gracias a todos nuestros usuarios por estar ahí, y si de vez en cuando hemos conseguido acercar las lecturas propuestas (más de 100) a quien nunca se le hubiera ocurrido hacerlo, nos damos por satisfechos. Porque este es nuestro objetivo: no tanto incitar al hábito de la lectura, que, en el ámbito universitario, lo tienes ya o no lo tienes, sino recomendar o dar a conocer autores y títulos que no son los que están en todos sitios y a todas horas, siempre seleccionados con un criterio de calidad literaria. Y eso creemos que lo hemos conseguido  :)

Seguimos leyendo
 
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Lectura semanal / "Ordesa", de Manuel Vilas
« Último mensaje por Esperanza en 18 de Octubre de 2018, 09:08:28 am »
Bienvenidos un curso más al Club de Lectura UCO.
De vuelta de un merecido descanso en el que hemos aprovechado, cómo no, para leer mucho, lo hacemos con una lectura potente donde las haya y que se ha convertido en uno de los libros del año, tanto a nivel de público como de crítica, lo cual es bastante difícil. Se trata de Ordesa (Alfaguara, 2018), de Manuel Vilas, poeta y narrador nacido en Barbastro (Huesca) en 1962. Nada más comenzar a leer nos golpea con fuerza su primera frase: “Ojalá pudiera medirse el dolor humano con números claros y no con palabras inciertas. Ojalá hubiera una forma de saber cuánto hemos sufrido, y que el dolor tuviera materia y medición”. Manuel Vilas ha perdido a su madre, y hace unos años que perdió a su padre, se ha separado de su mujer y además ha dejado de beber. Para él es como el fin de un período histórico (“estaba ante la disolución de una época histórica… adiós al Renacimiento o adiós al Barroco o adiós al Siglo de las Luces…”). Siente que está perdido, que tiene miedo, y quiere poner en claro su vida y hacer un ajuste de cuentas con la paternidad, sobre todo como hijo, pero también como padre de sus dos hijos. Sus padres, verdaderos protagonistas del libro, no eran según él personas normales, tan poco normales como cualquier persona en la que se escarba un poco. Dice Marcos Giralt que hay que desenamorarse de los padres. En este caso, Manuel Vilas da una vuelta de tuerca más: se enamora de ellos en su infancia, se desenamora en su juventud y primera madurez y vuelve de nuevo a un enamoramiento sin límites ahora con este libro: convierte a sus padres prácticamente en dioses y a él en su representante en la Tierra. Así, dice de su padre que “no es que lo recuerde a diario, es que está en mí de forma permanente, es que yo me he retirado de mí mismo para hacerle hueco a él”. Y de su madre: “Me dejabas tal como yo te dejé. Me estaba convirtiendo en ti, y de esa forma tú perdurarías y vencerías a la muerte”. Quiere parecerse a su padre, ser elegante como él, tener estilo, ser viajante de comercio (su padre vendía tejidos por toda España y él vende sus libros), pero en realidad a quien se parece es a su madre de la que hereda rasgos y formas de ser (“Y es lo que yo heredé de ella: el instinto, una especie de zarpazo que te permite ver el origen de las cosas”; “Esa desafección la he heredado”; “cómo me parezco a mi madre. Absolutamente lo mismo”). Su madre, esa bruja que le predijo el futuro y adivinó que todo se repetiría, que sus hijos harían con él lo mismo que él hizo con sus padres, con su madre, no llamarla por teléfono, no tener ganas de hablar cuando ella lo llamaba: “No viene a decirme: ‘Tus hijos te tratan como tú me trataste’, no, no viene a decirme eso, sino que ha encontrado un camino de vuelta hacia mí. Viene a decirme esto: ‘Te querré siempre’.
Si no habéis leído nada de Manuel Vilas, puede que os sorprenda la intensidad de su estilo, de su mirada, de su tono, de su voz. Los lleva a tal extremo que a veces resulta cómico. Es diferente a casi todos. En uno de sus libros más divertidos, Listen to me, en el que habla con Dios, con Lou Reed, Bob Dylan y Rajoy (La Bella Varsovia, 2013) nos dice que “en Arte y en Literatura, todo lo que no vaya al límite como que, al final, no me divierte. Puede ser un límite moral, o puede ser un límite formal, o los dos límites juntos”. Eso es justo lo que hace en sus libros, llevarlos al límite porque como dice Jacques Derrida al que él cita a propósito de Bolaño, “la literatura más interesante es la que está a punto de perder su sentido, pero no lo pierde; es un estar a punto de perderlo, sin perderlo jamás”. Manuel Vilas es el ansia viva, la desesperación (“ponme gasolina a mí también”, nos dice en uno de sus poemas), un inmaduro al que le “está matando esto de vivir una sola vida. La gran muerte de vivir en una sola forma”, nos dice en otro de sus poemas. O al menos lo era antes de escribir Ordesa, porque parece que esta carta de amor a sus padres (también a sus hijos) que es su última novela, lo ha reconciliado consigo mismo y “puede que al final un hombre acabe por enamorarse de su propia vida, es decir, de aceptarse” y acabe aceptando también que hay que convivir con la nostalgia del mundo sin miedo de la infancia, con la nostalgia de un mundo lleno de amor incondicional hacia él (el que le tuvieron sus padres) que ya no volverá, pero que quedará fijado en este libro de tapas amarillas que sus hijos podrán releer una y otra vez y así no olvidarlo nunca: “Era el paraíso. Fue mi paraíso. Fueron ellos mi paraíso, mi padre y mi madre, cuánto los quise, qué felices fuimos y como nos derrumbamos. Qué hermosa fue nuestra vida juntos, y ahora todo se ha perdido”.
Sí, se trata de un libro lleno de vida, y lleno de literatura. Por momentos parece que la literatura le pone intensidad a la vida, ¿o la vida es tan intensa que necesita ponerse en palabras para poder asumirla? Al final “son dos verdades distintas, pero las dos son verdades: la del libro y la de la vida. Y juntas fundan una mentira”.
De todo esto y mucho más pudimos hablar con él el pasado 5 de octubre en Córdoba, en las Lecturas Redondas organizadas por la Biblioteca Pública Provincial de Córdoba y a la que asistimos muchos de los Clubes de Lectura de Córdoba y la provincia. Ciertamente que esperábamos mucho de Vilas y no nos defraudó, como tampoco defraudó la magnífica presentación a cargo de Antonio Luis Ginés, que, como poeta, incidió sobre todo en la faceta como tal de nuestro invitado de lujo.
Os dejamos el primer capítulo de Ordesa en pdf (sólo si estáis registrados) y si os apetece leerlo, lo tenemos, junto con otros títulos del autor, en la Biblioteca
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