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Lectura semanal / "La librería", de Penelope Fitzgerald
« Último mensaje por Esperanza en 26 de Abril de 2018, 08:56:03 am »
Terminamos este ajetreado mes de abril con la tranquilidad que da una lectura como es La librería, de la escritora británica Penelope Fitzgerald. Y decimos ajetreado porque este es el mes del libro y  la lectura en la Biblioteca Universitaria de Córdoba, reflejado en el programa Abril en la Biblioteca, que nos ha traído presentaciones y recomendaciones de libros, así como encuentros con autores, nuestra ya tradicional Fiesta Universitaria del Libro, esta vez acompañada por el Aula de Teatro de la UCO y los versos que Lorca dedicó a nuestra ciudad, y una nueva edición del Certamen Internacional de Relato Breve sobre Vida Universitaria “Universidad de Córdoba”, al que desde aquí os animamos a que os presentéis.
Así pues, relajados y sentados de nuevo en nuestro sillón favorito de lectura vamos con esta historia protagonizada por Florence Green, una mujer a la que se define como “pequeña de aspecto, delgada y huesuda, un poco insignificante vista desde delante y completamente insignificante por detrás”, pero también llena de coraje (“Usted, señora Green, tiene esa cualidad en abundancia”, le dice el señor Brundish). Ella es viuda, y lleva ocho años en el pueblo viviendo de la herencia de su marido. Pero “últimamente se había empezado a preguntar si no tendría la obligación de demostrarse a sí misma, y posiblemente a los demás, que ella existía por derecho propio”. Y así, decide abrir una librería en Hardboroug (que de entrada podemos traducir como “ciudad dura”, y que llega a serlo realmente para ella). A priori no parece una empresa difícil: no hay más librerías en el pueblo, tiene idea del negocio (trabajó antes como empleada en una), y ya le tiene echado el ojo a un local, en el que nadie más parece interesado (es muy antiguo y tiene un grave problema de humedades). Pero desde el principio, todo son problemas: el director del banco, con una actitud hacia ella más que condescendiente y paternalista, no se lo pone fácil a la hora de concederle el préstamo, y un vecino le hace ver que los habitantes del pueblo han perdido el deseo por las cosas raras (prefieren los arenques ahumados a las truchas medio ahumadas), “y no me diga usted que los libros no constituyen una rareza en sí mismos”.  Pero, a pesar de todos estos “consejos”, Florence Green está decidida a abrir su librería, con una fuerza de voluntad que va creciendo “en forma de indignación” mientras más obstáculos se le van poniendo por delante. El principal será la señora Gamart, que preside los poderes locales, representante del inmovilismo más absoluto, y que poco a poco irá extendiendo sus muchos y omnipresentes tentáculos para derribar un proyecto que le desagrada simplemente porque escapa de su control: “Resumiendo, [Florence] se había engañado a sí misma al dejarse convencer, por un momento, de que los seres humanos no se dividen en exterminadores y exterminados, y que los exterminadores tienen a colocarse en la situación dominante en cuanto pueden”.
Sin embargo, no todo son enemigos. Nuestra querida librera también contará con algunos aliados: la pequeña y “encantadora”, a su manera, Christine Gipping, una niña que se tomará muy en serio su trabajo de ayudante en la librería, o el señor Brundish, gran lector, enigmático y retirado de la vida social y que se convertirá en un verdadero caballero andante para la librera (aunque Florence se basta y se sobra para enfrentarse ella sola a sus problemas).
Los hechos se van desencadenando uno detrás de otro, sin estridencias ni catástrofes, más bien como algo “natural”, y aunque el final de esta historia no es el que Florence Green hubiera soñado para su proyecto, nos queda la sensación de que, al igual que el lector, los habitantes de ese pueblo costero de Inglaterra, no van a olvidarla ni a ella ni a su librería en mucho tiempo, y de que una parte de su propósito inicial sí lo ha podido llevar a cabo. Algo así debió de pensar también Isabel Coixet cuando la adaptó al cine y añadió, de su propia cosecha, ese magnífico final, mucho más explícito en ese sentido, y que no vamos a desvelar, aunque quien haya visto la película sabrá de lo que hablamos. No es esta la única diferencia entre el libro y el film, y como es inevitable compararlos, diremos que, ninguno queda en desventaja con respecto al otro y que la mayoría de las diferencias entre ambas propuestas artísticas son por omisión de situaciones que aparecen en la novela, y que, supongo que por economía, Isabel Coixet suprimió en la película: la presencia de un rapper (duende golpeador) en la librería; la ampliación del negocio a biblioteca (práctica habitual en la Inglaterra de entonces); el personaje de Ivy Welford, la contable que contrata Florence para llevarle las cuentas del negocio; la desigual pelea que tiene lugar entre la niña Christine Kipping  y la señora Gamart, pero que nos muestra a las claras el fuerte carácter de la primera; el intento de montaje de exposición por parte de un pintor en la propia librería, como uno de los tejemanejes de la señora Gamart, que quiere convertir el local en un Centro de Arte, etc.
Pero lo que diferencia a las claras una y otra son, por un lado, el fino humor (¿británico?) que atraviesa la novela de punta a punta y que en la película pasa más desapercibido, y el antes mencionado final feliz añadido por Isabel Coixet y que nos parece un acierto porque fija en esa escena última todo lo que nos ha ido contando Penelope Fitzgerald en esta bonita historia.
Os dejamos el primer capítulo en pdf (solo si estáis registrados). El libro lo podéis encontrar en la Biblioteca, así como otra novela suya, también muy recomendable, El inicio de la primavera.
Esperamos que este mes de abril y del libro haya sido tan satisfactorio para vosotros como lo ha sido para la Biblioteca.
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Lectura semanal / "Oculto sendero" y "Celia en la revolución", de Elena Fortún
« Último mensaje por Esperanza en 22 de Marzo de 2018, 09:07:20 am »
Tradicionalmente olvidada por el canon (no aparece en los libros de texto) por su doble condición de mujer y escritora de literatura infantil, leemos este mes de marzo tan violeta a Elena Fortún, una mujer que, gracias al empeño de otras mujeres (Marisol Dorao, Nuria Capdevila-Argüelles y María Jesús Fraga, sin olvidar antes a su mentora, María Lejárraga, o a sus “descubridoras” posteriores , Carmen Bravo-Villasante y Carmen Martín Gaite) y de una editorial (Renacimiento, en Sevilla), está viviendo una época dorada desde que en el año 2016 salieron a la luz dos libros suyos, uno de ellos inédito y el otro casi. Me estoy refiriendo a Oculto sendero y Celia en la Revolución. Escritos en su exilio argentino después de la Guerra Civil, ambos tienen una trayectoria increíble y apasionante hasta que han llegado a nosotros.
Celia en la revolución fue publicado en 1987 por la editorial Aguilar, en una edición de pocos ejemplares, por lo que, nada más publicarse, se convirtió en un tesoro bibliográfico para los seguidores de esta escritora y sobre todo para los lectores (más bien lectoras) de Celia, uno de los personajes infantiles más importantes de la literatura española y que desde aquí reivindicamos ya. La especialista en literatura infantil Carmen Bravo-Villasante afirmaba que “en el fondo Celia es Elena Fortún”, puesto que los principales acontecimientos de las vidas de Fortún y Celia ocurren en la misma época histórica, la primera mitad del siglo XX.
Su autora no quiso publicarlo en vida, aunque quizá si lo hubiera intentado, al menos en España, no habría podido, debido a su temática : una visión de primera mano de la Guerra Civil española, protagonizada por Celia, que con quince años ha dejado de ser una niña, pero todavía no es una mujer, y cuenta las cosas tal y como las siente, con la ingenuidad de la adolescente (y la clarividencia que siempre la caracterizó), que  tiene que vivir en primera persona la muerte de su abuelo a manos de los falangistas pero también la de su tío por parte de los republicanos. Una novela que no habría sido entendida en su época, ni por unos ni por otros (un poco como lo sucedido con Chaves Nogales), puesto que no se decanta por ningún bando, y que no cuenta las batallas del frente, sino el día a día en las grandes ciudades (Madrid, Valencia, Barcelona) donde la Guerra deja miseria, pobreza y sobre todo hambre, mucha hambre, a las gentes de a pie como era ella misma. Una novela que debería ser lectura obligatoria para entender ese episodio de nuestra historia.
El segundo de los títulos, este sí inédito hasta ahora, es Oculto sendero, cuyo manuscrito fue custodiado por su amiga argentina Inés Field, a la que Elena Fortún le dijo que lo destruyera, a lo que ésta, como tantas otras veces en la historia de la literatura, no hizo caso. Se trata de una autobiografía enmascarada de la propia Elena Fortún, en la que hace un doble alegato feminista: el de la autonomía de la mujer (tanto económica como vital) y el del descubrimiento de la homosexualidad de la misma. En una salida del armario terriblemente dolorosa (no hay que olvidar que por entonces no había modelos de mujeres así por los que guiarse y con los que identificarse, de hecho la palabra lesbianismo no aparece en ningún momento en la novela ni se veía como una opción de por vida, sino como un hecho puntual o aislado), se nos cuenta la vida de la pintora María Luisa Arroyo, claro alter ego de la escritora, que ya desde niña se sentía diferente, quería vestir de marinero y no soportaba los juegos y actitudes de lo que debería de ser una señorita de la época. Se casa por amor con otro pintor que primero la idolatra y la comprende, pero que poco después no deja de comportarse con ella como cualquier otro marido de la época y al que termina aborreciendo, pero del que no se separa “por piedad y por cobardía” (como diría ella misma de su propio matrimonio). A lo largo de su vida, se rodea de mujeres con las que mantiene muy buenas amistades, de las que aprende mucho y de las que se enamora, la mayoría de las veces platónicamente, y otras veces no tanto (igual que la propia Elena Fortún en su vida personal). Lo que sí tienen claro, tanto María Luisa Arroyo como su creadora, es lo que ésta última le decía a Carmen Laforet en una de las muchas cartas que le envió: “Usted es un genio. Su letra lo dice. Pero también dice que no hay nada más lejos que usted de una mujer de hogar, del ser central de un hogar”. Elena Fortún da el pistoletazo de salida al personaje de la “chica rara”, cuya rareza no estriba exclusivamente en su sexualidad (puede ser homosexual o puede no serlo), sino en su actitud ante la vida y lo que se espera de ella, empezando con la niña Celia, y que luego influiría tanto en escritoras posteriores (las ya mencionadas Carmen Laforet y Carmen Martín Gaite, pero también otras como Ana María Matute, Carmen Kurtz, Ana María Moix o Esther Tusquets). Este tipo de mujer tuvo su claro antecedente en las socias del Lyceum Club Femenino (1926-1936) y en las estudiantes de la Residencia de Señoritas, a los que Elena Fortún perteneció y que tanto le ayudaron en su carrera como escritora. La Segunda República y alrededores permitieron algunas aperturas (sólo algunas, no nos engañemos), que luego se cerraron durante más de cuarenta años.
El pasado 2 de marzo tuvo lugar en la Biblioteca Pública Provincial una nueva sesión de Lecturas Redondas, el encuentro semestral entre los clubes de lectura de Córdoba y la provincia, que esta vez estuvo dedicado a Elena Fortún. En el blog de la Biblioteca de Baena podéis leer una reseña de lo que allí tuvo lugar.
Os dejamos uno de los capítulos más representativos de Oculto sendero, justamente el que lleva el mismo título de la novela (en pdf sólo si estáis registrados), y si os apetece leerlo, lo tenemos en la Biblioteca, además de otros libros de la autora. Celia en la revolución está disponible en el catálogo CBUA.
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Lectura semanal / Especial 8 de marzo: Mujeres escritoras en el Club de Lectura UCO
« Último mensaje por Esperanza en 08 de Marzo de 2018, 08:45:06 am »
Nos sumamos a la celebración del Día de la Mujer de la mejor manera que sabemos hacerlo: proponiendo lecturas y leyendo. Hacemos un repaso de todas las mujeres que hemos leído a lo largo de los casi diez años que lleva el Club de Lectura UCO en sus diferentes formatos. Ellas representan a la mitad de la humanidad y aunque no hay paridad en número con sus colegas varones, poco a poco estamos intentando que la haya. Es nuestro granito de arena para que todos los escritores tengan la misma visibilidad, independientemente de su sexo (que no de su calidad).
Feliz Día de la Mujer.

CLUB VIRTUAL DE LECTURA (2008-2010)
“La conquista del aire”, de Belén Gopegui (página web no disponible)

BLOG LEYENDO EUROPA (2011)
Elvira Lindo y “El huevo Kinder”
Simone de Beauvoir y “El segundo sexo”
Virginia Woolf y “La señora Dalloway”

BLOG CLUB DE LECTURA UCO (2011-2013)
Segundo paso: de Rafael Alberti a… Almudena Grandes y tiro porque me lleva la corriente
Otras Culturas IV: Carson McCullers, al Sur del Norte
Otras Culturas IX: Isak Dinesen. Una vida de película (Copenhague-Kenia-Copenhague)
Otras Culturas X: Velos y desvelos. Azar Nafisi y Carmen Martín Gaite

CLUB DE LECTURA UCO – foro (2013-2018)
Poemas de Wislawa Szymborska
“Frankenstein”, de Mary Shelley
"Daniela Astor y la caja negra", de Marta Sanz
“Felicidad”, un cuento de Katherine Mansfield
Alice Munro: cuentista, canadiense, mujer y Premio Nobel
"Mujercitas", de Louisa May Alcott
Ana María Matute: una mujer excepcional
"La ciudad feliz", de Elvira Navarro
“También esto pasará”, de Milena Busquets
Carmen Laforet
"Cómo ser mujer", de Caitlin Moran
"El amante", de Marguerite Duras
Con palabras de mujer
"La ridícula idea de no volver a verte", de Rosa Montero
"Jane Eyre", de Charlotte Brontë
"Manual para mujeres de la limpieza", de Lucia Berlin
Hace cien años que nació Gloria Fuertes
"Tú no eres como otras madres", de Angelika Schrobsdorff
"El cuento de la criada", de Margaret Atwood


Incluimos el ESPECIAL "Leyendo para recordar: I Centenario del Acceso de la Mujer a la Universidad Española (1910-2010)”, en el que seis escritoras de diferentes épocas nos cuentan su experiencia en el paso por las aulas universitarias.
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Lectura semanal / "La mirada de los peces", de Sergio del Molino
« Último mensaje por Esperanza en 22 de Febrero de 2018, 09:14:23 am »
Que uno de tus mejores amigos te anuncie, a tí y a los cuatro vientos, su suicidio programado, aunque sea una persona enferma con poca calidad de vida (había sufrido dos infartos y dos ictus e iba en silla de ruedas), y que tú no consigas convencerlo de lo contrario no es plato de buen gusto para nadie. Si encima fue tu profesor de Filosofía en Bachillerato, un poco tu mentor y el que te llevó por el buen camino del amor al estudio, a las letras y al pensamiento crítico que luego han hecho de ti un periodista y un escritor reconocido, pues qué menos que intentar justificarlo y justificarte. Esto es en teoría de lo que trata La mirada de los peces (Penguin Random House, 2017), del escritor y periodista zaragozano Sergio del Molino (1974). Pero digamos que el libro se le ha ido de las manos y abarca más de lo que parece. La mirada de los peces es, sí, un libro sobre la muerte, sobre el derecho a una muerte digna y sobre la figura de un profesor decisivo en la vida del autor que luego se convirtió en otra cosa que quizá le gustase menos a Sergio y al que él prefiere seguir viendo como el profesor que fue. Pero además, es un libro sobre la adolescencia (¿novela generacional?), sobre el instituto, el barrio y cómo intentar salir de él (en este caso el de San José, en Zaragoza, un protagonista más de la novela), sobre los años decisivos de formación y el intentar ser igual que los demás pero a la vez sentirse diferente (“me dejaron bien claro que yo no pertenecía a ese mundo. Por suerte. El Forano cagao tenía otros planes y otras querencias”). También sobre la escritura y cómo nos reflejamos en ella, o no (“me ha pasado con todos sus libros, que me parecen escritos por otro, quizá por eso no tuvieron el menor eco y acabaron entregados a la caridad de un librero”); sobre cómo una persona puede ser vista de varias maneras según quien la mire (Antonio Aramayona “el santo” vs. “el profesor”, “busco mi propio santo eremita, mi Zaratustra, no el santo guevarista de puño en alto y grito de Pasionaria. Busco lo que dejó en mí, y sé que esos sedimentos no tienen nada que ver con sus últimas palabras…”); sobre el inevitable primer amor y la complicidad que se llega a tener a esa edad con los amores/amigos (“Andrea no me quería de la forma tristanisoldiana en que yo ansiaba ser amado, pero me quería mucho, y mi propia literatura me impidió gozar de aquel amor”) o sobre la sensación irrepetible de ir por primera vez a un concierto con catorce o quince años (el rock duro es otro gran protagonista y funciona como banda sonora a lo largo del libro).  Es decir, experiencias que todos hemos vivido de una manera o de otra, seamos de la generación que seamos, y contadas con un sentido del humor que es otra de las características más atractivas de Sergio del Molino, y que, según él, es la herencia más directa y preciada que le dejó su antiguo profesor (“sin duda me quedo con lo que no mostró públicamente, un tipo con ironía y sentido del humor que me enseñó a reír y a no tomar en serio las cosas”).
Encuadrada en la denominada “autoficción” (aunque su propio autor lo pone en duda), La mirada de los peces es una expiación de culpa por el abandono del amigo/profesor y un ajuste de cuentas de Sergio del Molino tanto con el pasado como consigo mismo. Ya nos demostró en La hora violeta que esto es lo suyo. Su hijo Pablo murió de leucemia con dos años y Sergio nos cuenta todo el proceso de la enfermedad, con sus picos de esperanza y desesperación. Y aunque lo leemos sabiendo de antemano el final, no por eso el libro deja de ser algo luminoso, como un regalo póstumo a alguien que no lo podrá leer, y, a la vez, un presente lleno de pasado para su otro hijo, y de paso para todos los lectores (“dedicado a mi hijo Daniel, con el deseo y la esperanza de que su hermano no se convierta en un fantasma ni en un cuento de terror”).
Para los que estáis registrados os dejamos las primeras páginas del libro. Si os apetece leerlo entero, está en la Biblioteca, así como su exitoso ensayo La España vacía, en el que, también en primera persona, nos habla sobre la migración tremenda que en muy pocos años dejó vacíos pueblos y campos para multiplicar la población de las grandes ciudades, y como es habitual en Sergio del Molino, de muchas cosas más.
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Lectura semanal / Re:El cuento de la criada, de Margaret Atwood
« Último mensaje por Esperanza en 29 de Enero de 2018, 08:52:48 am »
Muchas gracias por vuestras opiniones. Sabileh, es verdad que las mujeres a veces, como tú dices, perpetúan la situación de "sumisión" y las razones son todas esas que apuntas y por supuesto el hecho de que la propia sociedad no propone otros modelos de mujer diferentes (mujer-sujeto frente a mujer-objeto), o al menos no en la "cantidad" necesaria. Es una tarea pendiente que tenemos que resolver entre todos.
Por otro, LaCormoran, es verdad que la literatura de Margaret Atwood es de una calidad excepcional (¿para cuando el premio Nobel?) y concretamente "El cuento de la criada", con ese monólogo interior que nos deja penetrar en los pensamientos de la protagonista, pero la serie no le va a la zaga y, como ya dije antes, no son excluyentes sino totalmente complementarias.
Y con respecto a esos "caballeros"... pues sólo decirte que si tienen esa opinión los que acuden a un taller de escritura... En fin, confiemos en que  poco a poco las cosas cambien aportando cada cual su granito de arena :D
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Lectura semanal / Re:El cuento de la criada, de Margaret Atwood
« Último mensaje por LaCormorán en 28 de Enero de 2018, 09:04:12 pm »
Buenas a todxs, qué interesantes vuestros comentarios.

Yo tengo que decir que primero vi la serie y me impactó, por todo; la fotografía, la sutileza de los mensajes; que las mujeres no hablen, la forma de fornicar; una serie de cosas que es como tener la realidad disfrazada, y detalles que me resuenan en la vida real, qué quereis que os diga. No sólo de cosas del pasado. Y después, me leí la novela; efectivamente, la serie refleja fielmente el contenido del libro pero ES UNA NOVELA QUE SUPERA A LA SERIE, muy bien entretejida,con ideas muy originales que no están lejos de la historia ni de la realidad: tengo que deciros que ayer estuve en un taller de escritura en Madrid y salí espantada. Dos caballeros, por llamarlos algo, escribian historias que tenián que ver con el sexo con un lenguaje vulgar y chabacano, soez, y dando una imagen de primates bárbaros.Sali asqueada porque no veo que se haya avanzado mucho, y otros dos como más de cultos, defenestrando el libro...cuando la redacción es bellisima, el tono que logra Margaret Atwood es espectacular.

Gracias por compartir vuestras reflelxiones; a mi la novela me ha impactado como producto literario y como producto filosófico.
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Lectura semanal / Re:"El cuento de la criada", de Margaret Atwood
« Último mensaje por sabileh en 25 de Enero de 2018, 11:39:02 am »
Es muy fácil pasar de una sociedad libre a una autoritaria y reaccionaria, y muchas novelas lo han reflejado. Todas son inquietantes y pesimistas sobre el futuro de la humanidad. Esta novela también lo es y aborda muchos de los temas presentes en otras novelas que recrean sociedades distópicas, pero lo hace desde una perspectiva de género. Cierto que también los hombres de clase baja son “víctimas” pero nada comparado con las mujeres fértiles. El trato no puede ser más vejatorio (para las esposas también). Ya se sabe que en cuanto se produce un retroceso en la sociedad, por los motivos que sean, se necesitan chivos expiatorios a quienes echarles la culpa de todos los males, sean las mujeres o los “extranjeros”.

Por otro lado, siempre me ha intrigado e inquietado el hecho de que hay mujeres dispuestas a asimilar un papel de sumisión y seguirle el “rollo” a los hombres. Y no me refiero a las que lo adoptan solo en apariencia, como la protagonista de la novela para sobrevivir, sino a las que de verdad perpetúan esa sumisión. ¿Por conveniencia y estatus social? ¿por creencia firme? ¿por ignorancia y falta de concienciación? ¿por miedo?

Normalmente si leo un libro, después no me gusta ver la adaptación al cine o la pequeña pantalla porque, salvo en raras ocasiones, me suele decepcionar. Esta es una de esas excepciones. La serie es hipnótica, la protagonista se come la pantalla y el mundo de Margaret Atwood está muy bien recreado. No olvidemos que la autora supervisó y asesoró la serie. Esperemos que la segunda temporada esté a la altura.
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Lectura semanal / "El cuento de la criada", de Margaret Atwood
« Último mensaje por Esperanza en 25 de Enero de 2018, 08:17:40 am »
Que el libro que Margaret Atwood publicó en 1985 está viviendo su época más dorada, nadie lo duda. ¿Las razones? Por un lado, su fantástica adaptación a la televisión que se está llevando todos los premios habidos y por haber (ya tuvo adaptaciones anteriores para el cine, la radio e incluso la ópera, pero ni mucho menos con el éxito de la actual) y, por otro, la victoria de Donald Trump en las últimas elecciones estadounidenses que ha venido a confirmar estas palabras de la propia autora a propósito de lo que se narra en El cuento de la criada : “el orden establecido puede desvanecerse de la noche a la mañana. Los cambios pueden ser rápidos como el rayo. No se podía confiar en la frase ‘Esto aquí no puede pasar”.
El cuento de la criada es una novela distópica (distopía frente a utopía), es decir, una “representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana” (según la RAE), y, de forma más concreta, “una sociedad ficticia indeseable en sí misma” (según Wikipedia) . Como ciencia ficción que es, la acción transcurre en un tiempo futuro, pero que, sin embargo, nos retrotrae al pasado, como en una pesadilla; en ella no aparece nada que no existiese en el momento en que se escribió (“una de mis normas consistía en no incluir en el libro ningún suceso que no hubiera ocurrido ya en lo que James Joyce llamaba la ‘pesadilla’ de la historia”, nos dice su autora).  De hecho sus inspiraciones en ese año 1985 eran muy cercanas: el gobierno de Ronald Reagan, la victoria del régimen de los ayatolás en Irán, el robo de niños en la dictadura argentina y la residencia de la propia Margaret Atwood en aquel 1984 en Berlín Occidental, rodeada por el Muro, con visitas a países del bloque del Este.
El argumento muy resumidoa sería el siguiente:  en la República de Gilead, y amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. La primera medida nos lleva a otras distopías conocidas, concretamente a 1984, al Gran Hermano y al control absoluto del Estado sobre los individuos, pero la segunda es la que hace más interesante la obra de Margaret Atwood. Las mujeres, en esta nueva y futura república totalmente estamentalizada, puritana e hipócrita a partes iguales, se han llevado la peor parte, como no podía ser de otra manera, y su cuerpo ha sido anulado e instrumentalizado: sólo sirven (las pocas que pueden, las criadas) para tener hijos, y las que no, quedan reducidas a “mujeres de”, sirvientas o a trabajar en las colonias con una muerte segura por contaminación nuclear. Cada clase social viste de un color, para poder ser identificadas desde lejos y para que no se diferencien unas de otras, y las criadas (vestidas de rojo, el color de la sangre, la sangre de la menstruación, la sangre del parto), incluso pierden su nombre para pasar a llevar el del comandante al que sirven (Defred en el caso de la protagonista). Y es que la fertilidad ha disminuido de una forma alarmante, por supuesto siempre por culpa de “ellas” (ellos siempre son fértiles), ya no nacen niños, y por lo tanto hay una necesidad de “servicios de nacimiento”, que son, en definitiva, las criadas (handmaid en inglés). Al final de la novela, en un epílogo muy revelador, podemos leer este párrafo:
 “la necesidad de lo que yo llamaría servicios de nacimiento ya fue reconocida en el período pre-gileadiano, donde se realizaban inadecuadamente mediante «inseminación artificial», «clínicas de fertilidad» y mediante el uso de «madres de alquiler», que eran contratadas con este propósito. El régimen de Gilead proscribió las dos primeras por considerarlas irreligiosas, pero legitimó y estimuló la tercera por entender que tenía precedentes bíblicos”.
 ¿Os suena?
Además de la situación de las mujeres, en el libro se nos hablan de otras muchas cosas que nos hacen pensar que esos futuros o pasados no están tan superados como creemos, y que convierten la lectura de la novela en una experiencia cuanto menos desasosegante.
Pasemos ahora a una cuestión que se plantean muchos lectores: ¿Qué es mejor, leer antes el libro o ver la serie? Hay que decir, y pocas veces es así, que las dos son cien por cien igualmente recomendables. La historia es la misma, contada por supuesto con los elementos propios de cada una de estas disciplinas artísticas, pero quizá sea mejor leer primero el libro y luego ver la serie, puesto que la segunda amplía y profundiza en la trama de la primera. De hecho ha conseguido tener vida propia puesto que en abril se estrena la segunda temporada, suponemos que gracias al final más o menos abierto de la primera y a la sociedad distópica creada por Margaret Atwood que da mucho de sí.
Así pues, recomendamos leer el libro, ver la serie y seguir adentrándonos en el mundo literario de esta interesantísima mujer, siempre de actualidad por sus controvertidas opiniones y por los cambios de registro en sus escritos, como por ejemplo en los estupendos y detallistas relatos recopilados por Lumen en Un día es un día en los que “no hay guerras salvo entre bastidores; no existen los asesinatos como tales; no hay hombres lobo ni insectos hablantes. No hay futuros distópicos. Pero sí hay personas, y al fin y al cabo de eso hablan todas mis historias: de seres humanos que hacen cosas que hacen los seres humanos”.
El cuento de la criada, así como muchos otros títulos de ella, están en la Biblioteca, y el primero también está disponible en internet.

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Lectura semanal / El Club de Lectura UCO escoge para tí los mejores libros publicados en 2017
« Último mensaje por Esperanza en 14 de Diciembre de 2017, 08:50:11 am »
Termina 2017 y el mundo se llena de listas. También a nosotros nos apetece hacer un repaso a los libros publicados este año (alguno se ha colado editado en 2016 y también un par de reediciones). Por supuesto que todos ellos están en la Biblioteca; unos ya han pasado por nuestro Club y otros lo harán en breve.
Los dividiremos en tres grandes grupos, para no liarnos mucho.
Las biografías, autobiografías, autoficciones, etc. siguen pegando fuerte, por su sinceridad, valentía e incluso provocación en algunos casos, y entre ellas destacamos Oculto sendero, de Elena Fortún, Clavícula, de Marta Sanz, Una librería en Berlín, de François Frenkel, A cielo abierto, de Antonio Iturbe, El club de los mentirosos, de Mary Karr, La mirada de los peces, de Sergio del Molino, El joven sin alma, de Vicente Molina Foix, Prohibido nacer, de Trevor Noah o Autorretrato de un macho disidente, del profesor de la UCO Octavio Salazar.
El segundo gran grupo es el formado por la narrativa española, la mayoría de autores bastante conocidos (otros no tanto) y con público asegurado, pero que nos siguen demostrando que están donde están por algo: Derecho natural, de Ignacio Martínez de Pisón, Tierra de Campos, de David Trueba, Recordarán tu nombre, de Lorenzo Silva, La vida negociable, de Luis Landero, El monarca de las sombras, de Javier Cercas, Los pacientes del doctor García, de Almudena Grandes, Berta Isla, de Javier Marías, Quédate este día y esta noche conmigo, de Belén Gopegui, Taxi, de Carlos Zanón, Rendición, de Ray Loriga, Horas extras, de Bernardo Atxaga y Fred Cabeza de Vaca, del cordobés Vicente Luis Mora.
Agrupamos ahora a autores de otras partes del mundo (Irlanda, Francia, Japón, Canadá, Estados Unidos, Inglaterra, India, Nigeria…) y de los que afortunadamente nos llegan sus traducciones:  Tiene que ser aquí, de Maggie O’Farrell, La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos, De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami, El cuento de la criada, de Margaret Atwood, El domingo de las madres, de Graham Swift, 4 3 2 1, de Paul Auster, El ministerio de la felicidad suprema, de Arundhati Roy, Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie, Todo es posible, de Elizabeth Strout, Un libro sobre mártires americanos, de Joyce Carol Oates, y Tiempos de swing, de Zadie Smith.
Fuera de carta incluimos tres libros de poesía (Chocar con algo, de Erika Martínez, Cuaderno de campo, de María Sánchez, antigua alumna de la UCO, y las Letras completas, de Bob Dylan) y dos aclamados ensayos: La España vacía, de Sergio del Molino y El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital, de la también cordobesa Remedios Zafra, Premio Anagrama de Ensayo 2017.
Si os quedáis con hambre, podéis acceder (sólo si estáis registrados) a los listados completos de adquisiciones en narrativa de la Biblioteca. Hay muchas cosas más que podéis ir descubriendo por vosotros mismos y que incluso pueden engrosar vuestra carta a los Reyes Magos.
Disfrutad de estas fiestas, si os dejan, y ¡a leer!
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Lectura semanal / "Tierra de campos", de David Trueba
« Último mensaje por Esperanza en 23 de Noviembre de 2017, 09:16:06 am »
Las historias están ya casi todas contadas, por eso, una de las cuestiones primordiales al leer un libro es que los personajes te atraigan, que empatices, que los ames o los odies, o al menos que te interesen sus vidas, si no, es muy difícil engancharse a un libro. En eso David Trueba tiene mucho arte (desde Cuatro amigos, pasando por el magnífico Saber perder y el no menos interesante Blitz). Aunque nos vamos a centrar en su faceta como escritor, no podemos olvidarnos de su carrera cinematográfica, con más altibajos esta segunda que la primera, pero que nos ha dejado muy buen sabor de boca con su última película: Vivir es fácil con los ojos cerrados. Este hombre multidisciplinar, también es articulista, guionista, director de documentales y de programas de televisión (muy recomendable su serie ¿Qué fue de Jorge Sanz? con la que te ríes de verdad)
Vayamos ahora al libro que nos ocupa. En Tierra de Campos, el protagonista es un músico de pop-rock, Dani Mosca, que va a enterrar a su padre al pueblo donde nació (situado en la comarca castellana de Tierra de Campos) y para ello emprende un viaje en un coche fúnebre junto a un chófer ecuatoriano que no para de hablar y hacerle preguntas, cuando él, un poco resacoso, lo único que quiere es dormir. A partir de ahí, el libro avanza y retrocede a partes iguales para recuperar toda la vida de Dani, desde su infancia hasta la actualidad, lo que le sirve a David Trueba para hacer un recorrido por los últimos cuarenta años de la historia de España (sobre todo de la historia de la música). Pero no es ese el objetivo de la novela (apenas aparecen datos históricos), sino recorrer la vida de Dani Mosca, su infancia como hijo único de unos padres demasiado mayores (luego se descubrirá que esa paternidad tiene truco), la vida en el colegio, el instituto, la enfermedad precoz de su madre, la intensa relación, a partir de entonces, con su padre (tacaño y franquista a partes iguales), sus amigos y su primer grupo de música (“Las Moscas”, con los inolvidables Gus y Animal), su primera novia de verdad y la ruptura con ella, su matrimonio con una japonesa, sus hijos, su separación, su carrera en solitario… Todo muy bien contado, con bastante sentido del humor, lo que es de agradecer, y sin dar nada por supuesto, con muchas dudas y pocas certezas. David Trueba escoge un personaje del mundo de la creación artística sin antecedentes de ningún tipo en la familia, como él mismo (y eso que él precisamente no es hijo único, pero sí el menor de ocho hermanos que nació de unos padres ya mayores). Dani Mosca no es un triunfador, sino alguien que se esfuerza a lo largo de su vida, con éxitos y fracasos, una de cal y otra de arena, y que por eso está mucho más cerca del lector: “lo que me gusta es traer al lector y situarle en un lugar en el que nunca ha estado pero parecido a uno en el que sí ha estado”. Aunque puede leerse como una novela generacional (para lectores que ahora mismo estén entre los 45 y 50 años), Tierra de Campos no se reduce a eso, es más que eso, es el recorrido por la vida de unos amigos, una familia, que pueden ser los nuestros, ahora o antes.
Según David Trueba, uno de los objetivos de la buena literatura es “leer un libro y salir de él siendo una persona mejor”, casi nada. ¿Lo consigue? Comparémosla con otras tres novelas “similares”: escritas por hombres (por supuesto que se nota que están escritas por hombres), eso sí, de diferentes edades, protagonizadas por hombres, con las relaciones familiares y la amistad como parte importantes de las mismas, publicadas recientemente y que recorren los últimos años de nuestra historia, aproximadamente desde los años 50 hasta hoy. Me estoy refiriendo a Derecho Natural, de Ignacio Martínez de Pisón, La vida negociable, de Luis Landero y Los buenos amigos, de Use Lahoz. En estos tres títulos, los personajes no son “en el buen sentido de la palabra, buenos”, no encuentran la felicidad en ninguno de los momentos de su vida, con algunas y muy raras excepciones, y gran parte de culpa la tienen una infancia poco feliz por causa, claro está, de unos padres que tampoco lo son. Terminas su lectura con un casi mal sabor de boca. En cambio, la novela de David Trueba sí hace eso que puede resultar cursi pero que se agradece tanto de “reconciliarte con la vida”. Dani Mosca, con todas sus contradicciones y altibajos se hace querer por una sencilla razón: él mismo quiere mucho a todos los que le rodean: sus amigos, sus padres, sus  parejas, y sobre todo, sus hijos.
Os dejamos las primeras páginas de Tierra de Campos (en pdf y txt sólo si estáis registrados) y si queréis conocer en profundidad a Dani Mosca y su historia, tenéis el libro en la Biblioteca (al igual que los otros tres mencionados anteriormente). Además, David Trueba ha creado una lista en Spotify que ha llamado Tierra de Campos y que seguro que os va a gustar.
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