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Lectura semanal / Re:El cuento de la criada, de Margaret Atwood
« Último mensaje por Esperanza en 29 de Enero de 2018, 08:52:48 am »
Muchas gracias por vuestras opiniones. Sabileh, es verdad que las mujeres a veces, como tú dices, perpetúan la situación de "sumisión" y las razones son todas esas que apuntas y por supuesto el hecho de que la propia sociedad no propone otros modelos de mujer diferentes (mujer-sujeto frente a mujer-objeto), o al menos no en la "cantidad" necesaria. Es una tarea pendiente que tenemos que resolver entre todos.
Por otro, LaCormoran, es verdad que la literatura de Margaret Atwood es de una calidad excepcional (¿para cuando el premio Nobel?) y concretamente "El cuento de la criada", con ese monólogo interior que nos deja penetrar en los pensamientos de la protagonista, pero la serie no le va a la zaga y, como ya dije antes, no son excluyentes sino totalmente complementarias.
Y con respecto a esos "caballeros"... pues sólo decirte que si tienen esa opinión los que acuden a un taller de escritura... En fin, confiemos en que  poco a poco las cosas cambien aportando cada cual su granito de arena :D
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Lectura semanal / Re:El cuento de la criada, de Margaret Atwood
« Último mensaje por LaCormorán en 28 de Enero de 2018, 09:04:12 pm »
Buenas a todxs, qué interesantes vuestros comentarios.

Yo tengo que decir que primero vi la serie y me impactó, por todo; la fotografía, la sutileza de los mensajes; que las mujeres no hablen, la forma de fornicar; una serie de cosas que es como tener la realidad disfrazada, y detalles que me resuenan en la vida real, qué quereis que os diga. No sólo de cosas del pasado. Y después, me leí la novela; efectivamente, la serie refleja fielmente el contenido del libro pero ES UNA NOVELA QUE SUPERA A LA SERIE, muy bien entretejida,con ideas muy originales que no están lejos de la historia ni de la realidad: tengo que deciros que ayer estuve en un taller de escritura en Madrid y salí espantada. Dos caballeros, por llamarlos algo, escribian historias que tenián que ver con el sexo con un lenguaje vulgar y chabacano, soez, y dando una imagen de primates bárbaros.Sali asqueada porque no veo que se haya avanzado mucho, y otros dos como más de cultos, defenestrando el libro...cuando la redacción es bellisima, el tono que logra Margaret Atwood es espectacular.

Gracias por compartir vuestras reflelxiones; a mi la novela me ha impactado como producto literario y como producto filosófico.
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Lectura semanal / Re:El cuento de la criada, de Margaret Atwood
« Último mensaje por sabileh en 25 de Enero de 2018, 11:39:02 am »
Es muy fácil pasar de una sociedad libre a una autoritaria y reaccionaria, y muchas novelas lo han reflejado. Todas son inquietantes y pesimistas sobre el futuro de la humanidad. Esta novela también lo es y aborda muchos de los temas presentes en otras novelas que recrean sociedades distópicas, pero lo hace desde una perspectiva de género. Cierto que también los hombres de clase baja son “víctimas” pero nada comparado con las mujeres fértiles. El trato no puede ser más vejatorio (para las esposas también). Ya se sabe que en cuanto se produce un retroceso en la sociedad, por los motivos que sean, se necesitan chivos expiatorios a quienes echarles la culpa de todos los males, sean las mujeres o los “extranjeros”.

Por otro lado, siempre me ha intrigado e inquietado el hecho de que hay mujeres dispuestas a asimilar un papel de sumisión y seguirle el “rollo” a los hombres. Y no me refiero a las que lo adoptan solo en apariencia, como la protagonista de la novela para sobrevivir, sino a las que de verdad perpetúan esa sumisión. ¿Por conveniencia y estatus social? ¿por creencia firme? ¿por ignorancia y falta de concienciación? ¿por miedo?

Normalmente si leo un libro, después no me gusta ver la adaptación al cine o la pequeña pantalla porque, salvo en raras ocasiones, me suele decepcionar. Esta es una de esas excepciones. La serie es hipnótica, la protagonista se come la pantalla y el mundo de Margaret Atwood está muy bien recreado. No olvidemos que la autora supervisó y asesoró la serie. Esperemos que la segunda temporada esté a la altura.
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Lectura semanal / El cuento de la criada, de Margaret Atwood
« Último mensaje por Esperanza en 25 de Enero de 2018, 08:17:40 am »
Que el libro que Margaret Atwood publicó en 1985 está viviendo su época más dorada, nadie lo duda. ¿Las razones? Por un lado, su fantástica adaptación a la televisión que se está llevando todos los premios habidos y por haber (ya tuvo adaptaciones anteriores para el cine, la radio e incluso la ópera, pero ni mucho menos con el éxito de la actual) y, por otro, la victoria de Donald Trump en las últimas elecciones estadounidenses que ha venido a confirmar estas palabras de la propia autora a propósito de lo que se narra en El cuento de la criada : “el orden establecido puede desvanecerse de la noche a la mañana. Los cambios pueden ser rápidos como el rayo. No se podía confiar en la frase ‘Esto aquí no puede pasar”.
El cuento de la criada es una novela distópica (distopía frente a utopía), es decir, una “representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana” (según la RAE), y, de forma más concreta, “una sociedad ficticia indeseable en sí misma” (según Wikipedia) . Como ciencia ficción que es, la acción transcurre en un tiempo futuro, pero que, sin embargo, nos retrotrae al pasado, como en una pesadilla; en ella no aparece nada que no existiese en el momento en que se escribió (“una de mis normas consistía en no incluir en el libro ningún suceso que no hubiera ocurrido ya en lo que James Joyce llamaba la ‘pesadilla’ de la historia”, nos dice su autora).  De hecho sus inspiraciones en ese año 1985 eran muy cercanas: el gobierno de Ronald Reagan, la victoria del régimen de los ayatolás en Irán, el robo de niños en la dictadura argentina y la residencia de la propia Margaret Atwood en aquel 1984 en Berlín Occidental, rodeada por el Muro, con visitas a países del bloque del Este.
El argumento muy resumidoa sería el siguiente:  en la República de Gilead, y amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. La primera medida nos lleva a otras distopías conocidas, concretamente a 1984, al Gran Hermano y al control absoluto del Estado sobre los individuos, pero la segunda es la que hace más interesante la obra de Margaret Atwood. Las mujeres, en esta nueva y futura república totalmente estamentalizada, puritana e hipócrita a partes iguales, se han llevado la peor parte, como no podía ser de otra manera, y su cuerpo ha sido anulado e instrumentalizado: sólo sirven (las pocas que pueden, las criadas) para tener hijos, y las que no, quedan reducidas a “mujeres de”, sirvientas o a trabajar en las colonias con una muerte segura por contaminación nuclear. Cada clase social viste de un color, para poder ser identificadas desde lejos y para que no se diferencien unas de otras, y las criadas (vestidas de rojo, el color de la sangre, la sangre de la menstruación, la sangre del parto), incluso pierden su nombre para pasar a llevar el del comandante al que sirven (Defred en el caso de la protagonista). Y es que la fertilidad ha disminuido de una forma alarmante, por supuesto siempre por culpa de “ellas” (ellos siempre son fértiles), ya no nacen niños, y por lo tanto hay una necesidad de “servicios de nacimiento”, que son, en definitiva, las criadas (handmaid en inglés). Al final de la novela, en un epílogo muy revelador, podemos leer este párrafo:
 “la necesidad de lo que yo llamaría servicios de nacimiento ya fue reconocida en el período pre-gileadiano, donde se realizaban inadecuadamente mediante «inseminación artificial», «clínicas de fertilidad» y mediante el uso de «madres de alquiler», que eran contratadas con este propósito. El régimen de Gilead proscribió las dos primeras por considerarlas irreligiosas, pero legitimó y estimuló la tercera por entender que tenía precedentes bíblicos”.
 ¿Os suena?
Además de la situación de las mujeres, en el libro se nos hablan de otras muchas cosas que nos hacen pensar que esos futuros o pasados no están tan superados como creemos, y que convierten la lectura de la novela en una experiencia cuanto menos desasosegante.
Pasemos ahora a una cuestión que se plantean muchos lectores: ¿Qué es mejor, leer antes el libro o ver la serie? Hay que decir, y pocas veces es así, que las dos son cien por cien igualmente recomendables. La historia es la misma, contada por supuesto con los elementos propios de cada una de estas disciplinas artísticas, pero quizá sea mejor leer primero el libro y luego ver la serie, puesto que la segunda amplía y profundiza en la trama de la primera. De hecho ha conseguido tener vida propia puesto que en abril se estrena la segunda temporada, suponemos que gracias al final más o menos abierto de la primera y a la sociedad distópica creada por Margaret Atwood que da mucho de sí.
Así pues, recomendamos leer el libro, ver la serie y seguir adentrándonos en el mundo literario de esta interesantísima mujer, siempre de actualidad por sus controvertidas opiniones y por los cambios de registro en sus escritos, como por ejemplo en los estupendos y detallistas relatos recopilados por Lumen en Un día es un día en los que “no hay guerras salvo entre bastidores; no existen los asesinatos como tales; no hay hombres lobo ni insectos hablantes. No hay futuros distópicos. Pero sí hay personas, y al fin y al cabo de eso hablan todas mis historias: de seres humanos que hacen cosas que hacen los seres humanos”.
El cuento de la criada, así como muchos otros títulos de ella, están en la Biblioteca, y el primero también está disponible en internet.

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Lectura semanal / El Club de Lectura UCO escoge para tí los mejores libros publicados en 2017
« Último mensaje por Esperanza en 14 de Diciembre de 2017, 08:50:11 am »
Termina 2017 y el mundo se llena de listas. También a nosotros nos apetece hacer un repaso a los libros publicados este año (alguno se ha colado editado en 2016 y también un par de reediciones). Por supuesto que todos ellos están en la Biblioteca; unos ya han pasado por nuestro Club y otros lo harán en breve.
Los dividiremos en tres grandes grupos, para no liarnos mucho.
Las biografías, autobiografías, autoficciones, etc. siguen pegando fuerte, por su sinceridad, valentía e incluso provocación en algunos casos, y entre ellas destacamos Oculto sendero, de Elena Fortún, Clavícula, de Marta Sanz, Una librería en Berlín, de François Frenkel, A cielo abierto, de Antonio Iturbe, El club de los mentirosos, de Mary Karr, La mirada de los peces, de Sergio del Molino, El joven sin alma, de Vicente Molina Foix, Prohibido nacer, de Trevor Noah o Autorretrato de un macho disidente, del profesor de la UCO Octavio Salazar.
El segundo gran grupo es el formado por la narrativa española, la mayoría de autores bastante conocidos (otros no tanto) y con público asegurado, pero que nos siguen demostrando que están donde están por algo: Derecho natural, de Ignacio Martínez de Pisón, Tierra de Campos, de David Trueba, Recordarán tu nombre, de Lorenzo Silva, La vida negociable, de Luis Landero, El monarca de las sombras, de Javier Cercas, Los pacientes del doctor García, de Almudena Grandes, Berta Isla, de Javier Marías, Quédate este día y esta noche conmigo, de Belén Gopegui, Taxi, de Carlos Zanón, Rendición, de Ray Loriga, Horas extras, de Bernardo Atxaga y Fred Cabeza de Vaca, del cordobés Vicente Luis Mora.
Agrupamos ahora a autores de otras partes del mundo (Irlanda, Francia, Japón, Canadá, Estados Unidos, Inglaterra, India, Nigeria…) y de los que afortunadamente nos llegan sus traducciones:  Tiene que ser aquí, de Maggie O’Farrell, La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos, De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami, El cuento de la criada, de Margaret Atwood, El domingo de las madres, de Graham Swift, 4 3 2 1, de Paul Auster, El ministerio de la felicidad suprema, de Arundhati Roy, Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie, Todo es posible, de Elizabeth Strout, Un libro sobre mártires americanos, de Joyce Carol Oates, y Tiempos de swing, de Zadie Smith.
Fuera de carta incluimos tres libros de poesía (Chocar con algo, de Erika Martínez, Cuaderno de campo, de María Sánchez, antigua alumna de la UCO, y las Letras completas, de Bob Dylan) y dos aclamados ensayos: La España vacía, de Sergio del Molino y El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital, de la también cordobesa Remedios Zafra, Premio Anagrama de Ensayo 2017.
Si os quedáis con hambre, podéis acceder (sólo si estáis registrados) a los listados completos de adquisiciones en narrativa de la Biblioteca. Hay muchas cosas más que podéis ir descubriendo por vosotros mismos y que incluso pueden engrosar vuestra carta a los Reyes Magos.
Disfrutad de estas fiestas, si os dejan, y ¡a leer!
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Lectura semanal / "Tierra de campos", de David Trueba
« Último mensaje por Esperanza en 23 de Noviembre de 2017, 09:16:06 am »
Las historias están ya casi todas contadas, por eso, una de las cuestiones primordiales al leer un libro es que los personajes te atraigan, que empatices, que los ames o los odies, o al menos que te interesen sus vidas, si no, es muy difícil engancharse a un libro. En eso David Trueba tiene mucho arte (desde Cuatro amigos, pasando por el magnífico Saber perder y el no menos interesante Blitz). Aunque nos vamos a centrar en su faceta como escritor, no podemos olvidarnos de su carrera cinematográfica, con más altibajos esta segunda que la primera, pero que nos ha dejado muy buen sabor de boca con su última película: Vivir es fácil con los ojos cerrados. Este hombre multidisciplinar, también es articulista, guionista, director de documentales y de programas de televisión (muy recomendable su serie ¿Qué fue de Jorge Sanz? con la que te ríes de verdad)
Vayamos ahora al libro que nos ocupa. En Tierra de Campos, el protagonista es un músico de pop-rock, Dani Mosca, que va a enterrar a su padre al pueblo donde nació (situado en la comarca castellana de Tierra de Campos) y para ello emprende un viaje en un coche fúnebre junto a un chófer ecuatoriano que no para de hablar y hacerle preguntas, cuando él, un poco resacoso, lo único que quiere es dormir. A partir de ahí, el libro avanza y retrocede a partes iguales para recuperar toda la vida de Dani, desde su infancia hasta la actualidad, lo que le sirve a David Trueba para hacer un recorrido por los últimos cuarenta años de la historia de España (sobre todo de la historia de la música). Pero no es ese el objetivo de la novela (apenas aparecen datos históricos), sino recorrer la vida de Dani Mosca, su infancia como hijo único de unos padres demasiado mayores (luego se descubrirá que esa paternidad tiene truco), la vida en el colegio, el instituto, la enfermedad precoz de su madre, la intensa relación, a partir de entonces, con su padre (tacaño y franquista a partes iguales), sus amigos y su primer grupo de música (“Las Moscas”, con los inolvidables Gus y Animal), su primera novia de verdad y la ruptura con ella, su matrimonio con una japonesa, sus hijos, su separación, su carrera en solitario… Todo muy bien contado, con bastante sentido del humor, lo que es de agradecer, y sin dar nada por supuesto, con muchas dudas y pocas certezas. David Trueba escoge un personaje del mundo de la creación artística sin antecedentes de ningún tipo en la familia, como él mismo (y eso que él precisamente no es hijo único, pero sí el menor de ocho hermanos que nació de unos padres ya mayores). Dani Mosca no es un triunfador, sino alguien que se esfuerza a lo largo de su vida, con éxitos y fracasos, una de cal y otra de arena, y que por eso está mucho más cerca del lector: “lo que me gusta es traer al lector y situarle en un lugar en el que nunca ha estado pero parecido a uno en el que sí ha estado”. Aunque puede leerse como una novela generacional (para lectores que ahora mismo estén entre los 45 y 50 años), Tierra de Campos no se reduce a eso, es más que eso, es el recorrido por la vida de unos amigos, una familia, que pueden ser los nuestros, ahora o antes.
Según David Trueba, uno de los objetivos de la buena literatura es “leer un libro y salir de él siendo una persona mejor”, casi nada. ¿Lo consigue? Comparémosla con otras tres novelas “similares”: escritas por hombres (por supuesto que se nota que están escritas por hombres), eso sí, de diferentes edades, protagonizadas por hombres, con las relaciones familiares y la amistad como parte importantes de las mismas, publicadas recientemente y que recorren los últimos años de nuestra historia, aproximadamente desde los años 50 hasta hoy. Me estoy refiriendo a Derecho Natural, de Ignacio Martínez de Pisón, La vida negociable, de Luis Landero y Los buenos amigos, de Use Lahoz. En estos tres títulos, los personajes no son “en el buen sentido de la palabra, buenos”, no encuentran la felicidad en ninguno de los momentos de su vida, con algunas y muy raras excepciones, y gran parte de culpa la tienen una infancia poco feliz por causa, claro está, de unos padres que tampoco lo son. Terminas su lectura con un casi mal sabor de boca. En cambio, la novela de David Trueba sí hace eso que puede resultar cursi pero que se agradece tanto de “reconciliarte con la vida”. Dani Mosca, con todas sus contradicciones y altibajos se hace querer por una sencilla razón: él mismo quiere mucho a todos los que le rodean: sus amigos, sus padres, sus  parejas, y sobre todo, sus hijos.
Os dejamos las primeras páginas de Tierra de Campos (en pdf y txt sólo si estáis registrados) y si queréis conocer en profundidad a Dani Mosca y su historia, tenéis el libro en la Biblioteca (al igual que los otros tres mencionados anteriormente). Además, David Trueba ha creado una lista en Spotify que ha llamado Tierra de Campos y que seguro que os va a gustar.
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Lectura semanal / Re:Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff
« Último mensaje por sabileh en 20 de Octubre de 2017, 12:56:30 pm »
No he leído la novela que mencionas, pero yo diría que, sin lugar a dudas, el egoísta es el hijo, más aún si su madre quiere dedicarse tiempo después de haber “cumplido con su deber de madre” durante años.

En general l@s hijo@s suelen ser egoístas de pequeñ@s pero de mayor el egoísmo y los reproches se deben saber canalizar.  Al final, Angelika consigue perdonar a su madre y reconciliarse consigo misma. Es un proceso largo y doloroso, pero necesario para aceptar a su madre y cerrar la herida. De hecho, escribió el libro siendo ya mayor, supongo que porque a veces se necesita toda una vida para conseguirlo.
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Lectura semanal / Re:Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff
« Último mensaje por Esperanza en 20 de Octubre de 2017, 08:49:11 am »
Muchas gracias por tus reflexiones, Sabileh. Cuando digo que Else se siente antes alemana que judía, no quería decir que ambos sentimientos son excluyentes, sino que prima en ella antes el sentimiento de pertenecer a un país, a una cultura germana, que a la religión y cultura judía, de la que ella se aleja en cuanto puede.
Con respecto a las otras cuestiones que planteas, muy interesantes, me quedo con la última reflexión, porque es complicado, si no quieres que te tachen de egoísta, y sobre todo en el caso de las mujeres-madres, el intentar vivir tu vida en plenitud. No sé si has leído "Derecho natural", de Ignacio Martínez de Pisón, en el que se plantea esta cuestión y que el protagonista resuelve tachando a su madre de egoísta por intentar, después de llevar una vida totalmente dedicada a su familia, dedicarse a sí misma y a un trabajo que le gusta, mientras que el padre, ese sí egoísta y egocéntrico de manual, se lleva el perdón y la comprensión del hijo, y, claro, del lector.
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Lectura semanal / Re:Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff
« Último mensaje por sabileh en 19 de Octubre de 2017, 01:36:36 pm »
Interesante propuesta, aunque en primer lugar habría que aclarar los conceptos "alemana" y "judía". Ser alemana, es ser de nacionalidad alemana, ser judía no se puede equiparar con una nacionalidad. Se puede ser judía española o alemana, alemana católica o alemana protestante. El judaísmo engloba religión y cultura del pueblo judío. La mayoría de los judíos de la Alemania nazi se consideraban alemanes, profesaran o no la religión y sus costumbres.

Una vez dicho esto, la novela me ha gustado y destacaré algunas reflexiones interesantes desde mi punto de vista.

En primer lugar, siempre me ha asombrado la frivolidad de la burguesía de aquella época. Sí, ya sé que había terminado una guerra sangrienta y la gente estaba ávida de diversión y de ganas de vivir. Es muy humano y comprensible, en reacción a todo el horror anterior de la Gran Guerra. Y sí, fue una época de gran creación artística, precisamente por eso.  Sin embargo, no podemos olvidar que, después del crack del 29, se seguían comportando como si no hubiese pasado nada, de forma totalmente ajena a todo el dolor y sufrimiento de la población.

Por otra parte, está el nazismo y la cuestión judía. Se ha escrito y se seguirá escribiendo miles y miles de páginas, estudiando, debatiendo y analizando desde todos los ámbitos posibles para intentar comprender y dar una respuesta a toda esa barbarie.  Siempre me he preguntado: en épocas de graves conflictos y crisis, ¿debe primar la vida personal e íntima sobre la vida político-social y la lucha por el bien común? ¿Es mejor no hacer nada, mirar para otro lado? Quizás por eso la Historia se repite incesantemente y las barbaries continúan.

Y finalmente, ¿se puede llevar la vida que uno desea, con el dolor que por ello puede causar a los seres queridos, o dejar de vivir tu vida para no dañar ni herir? Es una cuestión siempre difícil y no todo el mundo tiene la valentía de vivir plenamente su vida, por lo que Else es una mujer valiente y admirable.

Eternos dilemas, sobre los que también se seguirá debatiendo mientras exista la humanidad.
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Lectura semanal / "Tú no eres como otras madres", de Angelika Schrobsdorff
« Último mensaje por Esperanza en 19 de Octubre de 2017, 10:23:36 am »
Si el curso pasado terminamos con una novela tan potente como Patria (a la que justo ayer le concedió el Ministerio de Cultura el Premio Nacional de Narrativa), comenzamos esta nueva etapa del Club de lectura UCO con una historia que no le desmerece en nada : Tú no eres como tras madres. Muy vendido y muy leído desde su publicación en 2016 en España, fue nombrado “Libro del año” por los libreros de Madrid, que la definieron como una novela en la que “la autora reconstruye la vida real e inconformista de su madre, una mujer nacida en una familia de la burguesía judía de Berlín, liberada de los prejuicios de su tiempo”.
Así es, Angelika  Schrobsdorff (1927-2016), cuya vida en sí también es novelable, como se puede comprobar, al menos para los primeros años en el mismo libro del que estamos hablando, otorga protagonismo absoluto a la vida de su madre (Else),  desde que nace, a finales del siglo pasado, hasta su muerte prematura en 1949 tras una dolorosa enfermedad. La vida de Else, nacida en Berlin, corre paralela a la historia de Alemania en el siglo XX.  Con una infancia feliz y perfecta en un familia cien por cien judía que la adora y que la “instruye y moldea para un matrimonio bien acomodado en el que no podrá ser otra cosa que hembra y madre”, ella sabrá zafarse de todo eso y guiar su vida por donde su instinto le lleve. Muy pronto se aparta de la religión judía, porque sabe que la constriñe, que le corta alas para volar (“ya entonces no le importaban las reglas de comportamiento y era un dechado de desenvoltura, franqueza e impulsividad”). Sin embargo, mucho de lo que le enseñó su familia cala hondo en ella y la hace una mujer inquieta e interesada por la cultura de la época: “Aprendía violín y piano, recibía clases particulares de francés, era llevada a la ópera y al teatro y obsequiada con profusión de libros de los clásicos alemanes”.  Según la abuela de la autora, y madre de la protagonista, “el amor entre el hombre y la mujer no era más que pura fantasía. El único gran amor y la única felicidad verdadera de una mujer eran los hijos”. Es este el tema principal de la novela: la maternidad (ahora que tan de moda está debatir sobre ella), pero una maternidad que se plantea muy alejada de los modelos convencionales, y que incluso, hoy en día, puede llegar a crispar a más de uno (y de una). Else se casa tres veces, y contradiciendo a su madre, las tres por amor, aunque al final, como casi siempre ocurre con las madres, tiene que darle la razón porque son amores que no perduran en el tiempo, al contrario que el amor por sus tres hijos,  nacidos cada uno de un matrimonio diferente (una de sus convicciones era que "hay que tener un hijo con cada hombre al que se ama"), y a los que educará y criará de forma apasionada y poco convencional.
Además de la maternidad, el otro gran tema del libro es el nazismo en Alemania y, como consecuencia, la brutal persecución y aniquilación de los judíos. Else, después de vivir los felices años veinte de forma intensa, rodeada de amor, artistas y lujo por doquier, se da de bruces con una realidad que la obliga a huir "in extremis", sin marido y con dos de sus hijos, a Bulgaria, donde pasará bastantes años de su vida, sobreponiéndose a las desgracias una y otra vez, sacando fuerzas de flaqueza, echando mano de su imaginación y su fuerza, subsistiendo de milagro, para terminar volviendo enferma y desolada a una Alemania destruida por la guerra. Y digo “in extremis” porque ella no es consciente hasta el último momento de lo peligroso de la situación, se considera alemana antes que judía, casada en esos momentos con un alemán, rodeada de amigos antinazis, confía en que a ella y a los suyos no les puede pasar nada, y aguanta en Berlín hasta que la situación llega a extremos insostenibles e increíbles (es espeluznante, por mucho que nos sepamos la historia, cómo cuenta el ascenso paulatino del nazismo, día a día, ley a ley, hasta que hace desaparecer a millones de personas por el simple hecho de ser de ascendencia judía, aunque muchos de ellos, como la propia Else, nunca hayan practicado esta religión). También es interesante la “culpa” que Angelika, observadora adolescente de la época, echa a su madre y sus amigos, que, inconscientes y sumergidos en su mundo de diversión y lujo, no hicieron demasiado caso a la alarmante situación hasta que empezaron a perderlo todo.
Para terminar, deciros que la novela, biográfica y autobiográfica, se convierte a las pocas páginas en una novela de ficción. No importa que el personaje sea real o no, nos engancha a su vida, a una historia llena de acción y organizada en torno a una protagonista a la que obsesiona el amor por sus tres hijos y "la compulsión de mantenerse siempre despierta". Dice Angelika de su madre que “las personas, ya fuesen hombres, mujeres o niños se lanzaban sobre ella buscando su cercanía, su calor, su amor, su amistad. Else se los daba, a muchos, a demasiados, los prodigaba sin reservas, de forma derrochadora y a menudo irreflexiva”.
Else no es como otras madres, ni como otras mujeres (sobre todo de su época), ni como otros judíos, ni como otras personas en general, sin distinción de sexo ni religión, pero quizá destaca más y se nos hace tan atrayente precisamente por ser mujer (y judía) en la época en que le tocó vivir. Atractiva y encantadora, nos subyuga a lo largo del relato y nos entran unas ganas terribles de conocerla (¿y acaso no es conocerla leer su historia?)
Os dejamos las primeras páginas de la novela (en pdf y txt sólo si estáis registrados) y si os animáis a leerla, como siempre la tenéis en la Biblioteca.
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