Colón y La Gomera. La colonización de La Isabela (República Dominicana) con animales y plantas de Canarias.
 Antonio Tejera Gaspar y Juan Capote Álvarez
Taller de Historia - 39
Centro de la Cultura Popular Canaria
centrodelacultura@centrodelacultura.com

  -2005
 Tenerife [España]
http://www.centrodelacultura.com

 



Nos encontramos con un texto especialmente interesante para aquellas personas que unen a su profesión agraria su afición a la historia, y como bien refleja su titulo, trata de aportar luz sobre el papel que los animales y plantas de Canarias jugaron en las primeras fases de la colonización española en el Caribe.
En su primer capitulo nos ilustra, muy documentadamente, aportando razones históricas, geográficas y de abundancia de recursos, de porqué fue el puerto de San Sebastián de La Gomera, el elegido por el Almirante para realizar en él los últimos abastecimientos antes de la gran aventura de la travesía atlántica, dirigiéndose posteriormente hacia la isla del Hierro, pero sólo para utilizarla como orientación en su derrota oceánica.
Entrando ya en materia, en el segundo capitulo se aborda la llegada de los primeros animales de La Gomera a Las Antillas, de forma muy detallada y rigurosa, dedicando un capitulo a cada especie ganadera, donde además se estudia primero como eran los diferentes tipos de ganado que se encontraban en aquella época en La Gomera, y en general en las Islas Canarias. Muy documentado es el subcapítulo que trata de las cabras antiguas de Canarias, donde se nos muestra que tipo de cabras había en Canarias antes de la llegada de los castellanos, así como la influencia que otras poblaciones europeas y africanas pudieron tener sobre este ganado con la colonización. Muy interesante es también el subcapítulo sobre el ovino, donde creo que se demuestra claramente la existencia de ovejas de pelo en las Canarias prehispánicas, y como pudieron ser estos animales en buena medida, los precursores de las ovejas Pelibuey actuales, aportando bastante luz a un punto bastante discutido zootécnicamente. Desde mi punto de vista estos capítulos dedicados a los pequeños rumiantes son, en la vertiente zootécnica del texto, los más importantes y documentados.


En este mismo capítulo se aborda después la especie porcina, donde igualmente se trata de los cerdos autóctonos canarios con una gran seriedad, y la influencia que éstos tuvieron posteriormente en las poblaciones americanas, tanto de cerdos domésticos como cimarrones. Posteriormente, se trata sobre el ganado vacuno, que tipo de vacas llegaron primero a Canarias, y por tanto, que tipo de animales se embarcaron hacia América. Este capitulo es lógicamente más especulativo, al no existir este tipo de ganado en Canarias antes de la llegada de los españoles, y tal vez, desde mi punto de vista, se le concede demasiada importancia al papel de las razas actuales españolas y portuguesas, obviando quizás, el papel de las poblaciones, que no razas, del vacuno del suroeste peninsular de aquella época. Un comentario similar puede hacerse sobre el subcapítulo de las gallinas, donde se hace referencia a las razas modernas andaluzas, como la Franciscana, que curiosamente se denomina todavía en los pueblos del interior de esta región gallina "Jabada", como en Canarias, donde según los autores es uno de los tipos más antiguos de las Islas.


Muy atractivo es el subcapitulo donde se aborda la adaptación de estos animales a la isla de La Española, poniendo de manifiesto las dificultades iniciales en su cría, ocultada intencionadamente en las primeras referencias Colombinas, aunque posteriormente admitidas por otros cronistas, señalando las dificultades que especialmente tuvieron los pequeños rumiantes, cosa lógica de esperar, desde nuestra perspectiva actual, por la alta humedad relativa del nuevo clima, que no toleran bien estos animales, pero que ya señalan algunos autores de la época.


En el capitulo tercero nos acercan los autores a las plantas, con la misma dinámica que para el ganado, aunque con menor profundidad, tratando primero sobre las especies existentes en Canarias, las aportaciones exteriores, y el tipo de plantas que finalmente se llevaron a Las Antillas y su posterior adaptación. Especialmente interesantes son los apartados dedicados a los frutales y a la caña de azúcar, cultivo éste que llegaría a convertirse en preeminente en poco tiempo. También son muy interesantes los datos sobre la mala adaptación de los cereales a estas nuevas tierras, y como tuvieron que adaptarse los castellanos a los alimentos locales como el pan cazabe o pan de indio, elaborado a partir de la yuca, a pesar de que al principio era rechazado por éstos.


En el capítulo IV se aborda la situación de hambre en la española en los primeros años de la conquista, poniendo de manifiesto, por un lado las falsas expectativas creadas por las primeras noticias, y por otro las dificultades que estas tierras tenían de proveer de alimentos a densidades mayores de población; especialmente de alimentos proteicos, debido a la falta de especies animales no competitivas con el hombre apropiadas para la domesticación, como ya han puesto de manifiesto muchos estudios ecológicos y antropológicos sobre la situación de las poblaciones mesoamericanas a la llegada de los españoles, especialmente clara en la obra de Marvin Harris.


Finalmente, el libro se ve reforzado por un buen anexo documental, donde se recogen las fuentes originales de los tres primeros viajes del descubrimiento y colonización de las Indias, así como por una extensa lista bibliográfica consultada.


Manuel Sánchez Rodríguez
Departamento de Producción Animal
Universidad de Córdoba



     
         
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