LOS SONETOS Y CANCIONES

Con los sonetos y canciones dará la lección que luego daría Picasso al mundo, porque Góngora es un Picasso del siglo XVII, inteligente esponja que absorbe y domina para sí toda la tradición, rebelde surtidor que inventa formas nuevas del agua con la misma materia definitivamente transformada. La lección de sus sonetos consistía en demostrar hasta qué punto había aprendido a utilizar su instrumento en su período de formación, con qué habilidad había leído a los clásicos e italianos para romper después, para variar más tarde, dentro de composiciones tan cerradas la férrea estructura y leyes de sonetos y canciones. La variedad temática en estos moldes estróficos es inagotable, pero lo más novedoso es el ejercicio en ellos de la variedad estilística, compositiva, tonal, genérica y enunciativa, especialmente en los sonetos, donde comienza ejecutando la doctrina renacentista de la imitación compuesta, casi al tiempo que, sin poder resistirse a la fuerza de su genio agudo y humorístico, parodia el petrarquismo o utiliza el soneto para vituperar ciudades como Madrid o Valladolid, o para introducir dramatizaciones y diálogos, o para atacar a diestro y siniestro con el látigo de su agudeza y poner en funcionamiento su potro de tormentos en las sátiras y las burlas. Ya en un artículo sobre la poesía de Cervantes, escrito en 1962, un poeta y crítico nada convencional como Cernuda calificó a Góngora como el más ilustre sonetista de nuestra lengua.